La ciudad de Málaga, así como su provincia es bien conocida por su clima privilegiado, sus extensas playas y su gran oferta de ocio y restauración, sin embargo, el interior de la provincia está lleno de pueblos blancos maravillosos y entornos naturales tan espectaculares como el torcal de Antequera, el pantano del Chorro con el Desfiladero de los Gaitanes, el Parque natural de los Montes de Málaga o el Parque Nacional de la Sierra de las Nieves.

 

Los Montes de Málaga

Pocos autóctonos conocen, y de entre los visitantes de la provincia aún menos, que la ciudad de Málaga está rodeada por unas montañas verdes que albergan más de 5.000 ha. de pinar: se trata de los Montes de Málaga. Sí,  a pesar de su cercanía a la ciudad andaluza, aún permanece como un rincón desconocido incluso para buena parte de la población local, cuyo acercamiento se reduce a las casi tradicionales excursiones familiares a muchas de las ventas que jalonan su carretera de acceso con la finalidad (nada desdeñable por otro lado) de disfrutar de un contundente “plato de los montes”, un clásico malagueño a base de lomo, chorizo, huevo, morcilla y pimiento frito.

Antes de su aspecto actual, el espacio que rodeaba la ciudad era más bien árido. Pero no siempre fue así. Doscientos años antes era un valle fértil plantado de viñedos y rodeados por montañas donde se cultivaba la preciada uva moscatel de la que se hacían los dulces caldos malagueños internacionalmente reconocidos y que situaron a Málaga en el mapa. Además de la viña, con el Mediterráneo como telón de fondo, olivos, almendros e higueras completaban el paisaje.

En 1878 llegó la filoxera, una plaga mortal para las viñas que arrasó las plantaciones y la economía de la región. Las viñas murieron y el paisaje verde y lleno de vida se convirtió en un desierto abandonado. Y en un problema para la ciudad a la que guardaba las espaldas. Como resultado de la falta de vegetación, las inundaciones estaban a la orden del día. Por ello se ideó un plan que repoblaría estos extensos terrenos de la ribera izquierda del rio Guadalmedina y que fueron el origen del denso pinar que hoy podemos disfrutar. El objetivo era fijar la tierra al suelo con coníferas de rápido crecimiento. El trabajo supuso la expropiación de un centenar de fincas y culminó en los años cincuenta.

Adentrase por estos caminos y miradores tan poco transitados es descubrir las reliquias del pasado y acercarse a la historia de la provincia.

 

Los lagares

Saldrán a nuestro encuentro silenciosos y semiderruidos lagares en ruinas que cayeron en el abandono tras la devastadora plaga de filoxera, cuando sus moradores, muchos de ellos arruinados, se mudaron a la ciudad. Algunos son humildes construcciones levantadas con los materiales que ofrece la tierra, otras, edificaciones más sólidas y acondicionadas que servían de refugio vacacional a la alta burguesía local. Hay uno bien conservado, el lagar de Torrijos, que, recuperado por la Junta de Andalucía, funciona como museo, mostrando la vieja arquitectura, tradiciones locales y oficios hoy en vías de extinción. A unos cinco kilómetros a pie desde aquí se llega hasta el aula de naturaleza Las Contadoras, centrada en actividades familiares para la sensibilización medioambiental.

Desde la zona de aparcamiento, parten diversos senderos con recorridos circulares de entre una y cuatro horas de duración.  Parada obligatoria es la atalaya de Pocopán, a la que se llega tras una corta pero fuerte pendiente con una gran panorámica sobre Málaga que alcanza las blancas cumbres de la Sierra de las Nieves. Otras paradas obligatorias son los miradores de Martínez Falero o el del Cochino, a cuya espalda, se levanta el hotel Humaina. Los ciclistas también disponen de las pistas de tierra del camino de Picapedreros.

El parque se extiende al norte de la ciudad incluyendo también parte de las localidades de Casabermeja y Colmenar.

Casabermeja es bien conocida por la belleza de su pequeño cementerio encalado, único en España y declarado Monumento Nacional en 1980 y Bien de Interés Cultural en 2006. La visita a Casabermeja esconde otro secreto natural: uno de los olivos más antiguos y bellos de España, el Olivo milenario del Arroyo. Hay además una gran tradición gastronómica, con buenos restaurantes, bares de tapeo y mucha cultura del guiso del chivo para llevarse un buen sabor de boca.

En cuanto a Colmenar, esta población se estableció después de la reconquista católica a finales del siglo XV. Está situada en el corazón de los montes de Málaga, por ello es considerada la “Capital de los Montes de Málaga” Como ya os podéis imaginar, su nombre hace referencia a las colmenas de abejas, base de la economía local durante mucho tiempo. Las colmenas aparecen en el propio escudo del pueblo dando una buena idea de la importancia de esta industria. Los visitantes aprovechan su paso por la localidad para comprar miel, vino moscatel y aceite de oliva de la zona en pequeños colmados artesanales.

Merece la pena caminar hasta el punto más alto del pueblo, la Ermita de la Virgen de la Candelaria. Desde los miradores se pueden ver las gargantas del Tajo y Doña Ana, y mirando a la derecha está Sierra Nevada, nevada en los meses más fríos. La Ermita fue construida en el siglo XVII como muestra de agradecimiento por parte de un grupo de pescadores que milagrosamente se salvaron de la muerte durante una terrible tormenta en las costas de Málaga. En un nicho, se puede ver una imagen de La Candelaria, la patrona de Colmenar. Además, es interesante visitar la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, del siglo XVI, por su arquitectura de influencia árabe.

 

La Sierra de las Nieves

Su denominación tiene su origen en la Sierra de la Nieve, el principal macizo montañoso de la zona, llamada así no porque sus cotas estuvieran frecuentemente nevadas sino porque de allí se extraía cada invierno el hielo de los neveros que surtían al puerto de Algeciras.

Fue declarada Parque Nacional y Reserva de la Biosfera la semana pasada, después de una larga espera (mayo 2021). Se extiende por una superficie de 23.000 hectáreas comprendidas entre los municipios malagueños de Benahavis, El Burgo, Istán, Monda, Parauta, Ronda, Tolox y Yunquera.

Su cúspide, con 1.919 metros de altitud sobre el nivel del mar, es un buen desafío para el senderista que quiere dar sus primeros pasos en el montañismo.

Hasta allí se puede subir desde los pinsapares de Yunquera y El Burgo, Los Quejigales (Ronda) o Cerro Corona (Tolox). Eso sí, es duro y mejor si lo abordamos con buena forma física, con la recompensa de contemplar una de las mejores panorámicas de la provincia de Málaga. El Peñón de los Enamorados es uno de los principales hitos de este parque natural y una de las cotas más elevadas de la comarca, con 1.777 metros sobre el nivel del mar. A sus pies pasan importantes rutas de senderismo, como la que asciende desde el pinsapar de Yunquera a la cima de La Torrecilla. A diferencia del anterior no se recomienda subirlo por su dificultad y abruptez.

El Tajo de la Caína a casi a 1.400 metros de altitud, se encuentra prácticamente después subir por el pinsapar de Yunquera. Al no tener vegetación en su entorno más inmediato, es un excelente mirador del parque natural.

El frescor y verdor de Cueva del Agua es un rincón de postal de la Sierra de las Nieves. Junto a ella se pueden ver habitualmente algunos anfibios como el tritón.

En la parte rondeña de la Sierra de las Nieves, está el área recreativa que es punto de partida de rutas tan importantes como una de las subidas al pico de La Torrecilla. Este refugio natural ocupa lo que antaño era conocido como “el cortijo de los Quejigales”

 

El mayor pinsapar de Europa

La Sierra de las Nieves alberga el 65 por ciento de la superficie de pinsapar española: abeto pinsapo (Abies pinsapo) y abeto blanco (Abies alba) los únicos representantes del género Abies en la Península Ibérica. Nos puede resultar chocante pensar como esta especie, que sin lugar a dudas asociamos rápidamente con climas muy fríos y nieves perpetuas, se ha mantenido hasta nuestros días cerca de la costa malagueña, siendo la mayor población de toda Europa.

Hubo una época en la que la nieve cubría casi todo el año estas montañas. El pinsapo crecía a sus anchas. Por encima de los mil metros, mirando al norte y en umbría. Hoy el pinsapo, desubicado por el cambio climático se ha conseguido adaptar a un terreno que no es su hábitat natural y lleva sólo regular lo de los calurosos veranos malagueños, pues requiere de unas condiciones de temperatura no muy extremas, con veranos frescos e inviernos fríos.

Una parte importante de su éxito y aclimatación se debe a las políticas de protección y el esfuerzo por preservar esta “joya de la Corona” del Parque Nacional, especie superviviente de la época de las glaciaciones.  Gracias a ellas hoy podemos, y las generaciones venideras podrán disfrutar de él y enorgullecerse de su singularidad y altísimo valor botánico, así como de su diversidad de hábitats y variada fauna.

¿Dónde?: Las principales poblaciones de pinsapos se encuentran en áreas naturales protegidas de las sierras de Málaga y Cádiz, (extremo occidental de la cordillera Bética). La mayor población natural de pinsapos se encuentra en la Sierra de las Nieves, en total más de 2.000 hectáreas.