La Mezquita de Solimán


Atravesando el populoso mercado de Tahtakale hacia arriba y alejándonos del muelle de Eminönu por sus calles aledañas llegamos al vecindario de Süleymaniye, donde se encuentra una de las mezquitas más impresionantes e imprescindibles de Estambul, y creedme que eso es mucho decir en una ciudad donde existen más de 2500 mezquitas censadas.

Pero enseguida os daréis cuenta de que esta no es una mezquita más. La Mezquita imperial de Süleyman es una de las grandes obras del maestro Sinán en la ciudad, siéndole encomendada por el sultán Solimán, el hombre más poderoso de su tiempo. No es casualidad, por tanto, ni su privilegiado emplazamiento ni su magnificencia, que define el perfil de la ciudad de Estambul.

Presidiendo la tercera colina de la ciudad, asomándose al Cuerno de Oro por encima de todos los edificios circundantes y los tejados de la antigua ciudad, esta mezquita no podía sino ser un espacio singular y espectacular al que difícilmente otro le pudiese hacer sombra. Y así ha sido durante siglos y sigue siendo.

 

La Gran Mezquita

La mezquita está diseñada al estilo de una basílica bizantina pero con elementos islámicos. Esto no es ninguna novedad, la herencia bizantina está presente en todas las mezquitas más importantes de la ciudad construidas tras la conquista otomana, Santa Sofía siempre  es considerada el modelo a superar. En este caso fue muy probablemente algo totalmente consciente por parte del sultán para así crear una continuidad y una conexión simbólica con el pasado histórico de la ciudad.

Además, como os explicaba en la entrada sobre la Mezquita de los Príncipes, el inicio del proyecto de la Süleymaniye coincide con la firma del tratado de paz con Carlos V en septiembre de 1547. Este tratado reconoce a Carlos V exclusivamente el título de rey de España mientras que su hermano Fernando, archiduque de Austria pasa a ser siervo del sultán por la parte de Hungría que aún quedaba en manos de los Habsburgo. De este modo Solimán, confirmado en su aspiración al título de emperador único, abandona el proyecto inicial de la Mezquita de los Príncipes, que iba a ser su mezquita originalmente y se lanza a una nueva “confrontación con Justiniano”, desafiándole, con un proyecto mucho más ambicioso. Hay que entender sus circunstancias históricas y saber que durante su reinado, el sultán casi duplicó las tierras bajo el control otomano, expandiendo el imperio para incluir a Hungría, Azerbaiyán, Irak y el oeste de Irán y partes del norte de África.

La Süleymaniye por tanto, recupera de nuevo la planta de Santa Sofía rivalizando con ella por el tamaño de la cúpula. Esta mezquita fue definida por el propio Sinán como un trabajo bien hecho, recio y pensado en cada detalle, construida para “permanecer sobre la faz de la tierra hasta el mismo día del juicio final”, cosa que, de momento ha cumplido pues la mezquita lleva en pie a pesar de los daños sufridos con el devenir de las circunstancias desde el año 1557. Para Sinán fue el trabajo de un buen profesional que ha actuado aplicando las soluciones arquitectónicas  precisas y las ha meditado a conciencia, pero no la considera su obra maestra, para ello habrían de pasar algunos años más con la construcción de la Mezquita de Selimiye en Edirne, Patrimonio de la Humanidad. Entre otras soluciones aplicadas, los cimientos se hicieron de madera de enebro, que se presume es muy flexible para poder soportar un terremoto de hasta 8 grados y se esperó tres años hasta que estos fraguaran. Mimar Sinan ideó también un sistema de corrientes de aire provocado por la circulación de agua bajo el suelo, así se conseguía que el humo de las velas se dirigiera hacia la entrada para así proteger la decoración interna y evitar el hollín.

La Mezquita de Solimán me encandiló desde la primera vez que la visité, y cada vez que vuelvo a Estambul subo a visitarla. El edificio, que es gigantesco desde la distancia, es sobrecogedor de cerca. Es la mezquita más grande de la ciudad ya que Santa Sofía se considera museo.

Hay 3 entradas de acceso a la mezquita, una desde el patio interior en el eje de la mezquita y otras dos a ambos lados del patio exterior con unas enormes puertas monumentales ornamentadas en mármol blanco. Yo os aconsejo que accedáis desde el patio porticado con bellas columnas de mármol y pórfido sobre el que las cúpulas parecen amontonarse piramidalmente al quedar casi deformadas por la perspectiva. En sus esquinas  hay 4 esbeltos y afilados minaretes de 72 metros, que según las distintas teorías significan que el sultán Solimán fue el cuarto soberano desde la conquista de la ciudad. Las diez galerías en torno a los minaretes recuerdan que también fue el décimo sultán desde la  fundación del imperio otomano.

Sin embargo, aunque la Süleymaniye es de proporciones grandiosas, se puede decir que su interior es bastante austero. Casi de planta cuadrada, el interior queda dominado por una gran cúpula  sobre tambor de 53 metros de altura y 27 metros de diámetro y unas recias columnas de pata de elefante. Las vidrieras y ventanas que se abren bajo el domo y en la superficie de las paredes, hasta 200, dejan pasar la luz tamizada por los cristales de color con la sensación de que la cúpula flota sobre el espacio, el gran protagonista. Y si tenéis suerte el día que la visitéis, también lo será el silencio, roto únicamente por las oraciones en momentos de culto.

Las alfombras se van renovando cada cierto tiempo, la última vez que la visité eran de color rojo intenso, que casaban de maravilla con el interior. Las enormes lámparas circulares y bajas, dan una iluminación intimista muy acorde con el lugar, el mimbar y el mihrab son de mármol blanco y en su diseño también prima la sencillez.

Al no estar en el meollo turístico de la ciudad, aunque es de fácil acceso, la visita a la Mezquita de Solimán es una experiencia mucho más agradable que la visita de otras mezquitas mucho más turísticas, como la Mezquita Azul. Aquí no suele haber mucha gente, y, eso la hace más especial si cabe.

En el jardín detrás de la mezquita principal hay dos mausoleos que incluyen las tumbas de Suleiman I, su esposa Roxelana (Haseki Hürrem), su hija Mihrimah, y otras familiares.  Además, sabed que Mimar Sinan también está enterrado en el recinto. En agradecimiento al trabajo realizado, Solimán regaló un terreno a su arquitecto imperial Mimar Sinan junto al muro norte de la Mezquita. Allí vivió hasta su muerte en 1588, a la edad de 98 años.

 

Horario: todos los días de 9:30 a 16:30 (Cerrada durante la oración)

Dirección: Profesör Sıddık Sami Onar Caddesi 1, 34116 Fatih/İstanbul (por detrás de la Universidad de Estambul)

Por Ana Morales © Copyright 2019 – Todos los derechos reservados

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1 Comment

  1. Avatar

    Gracias por compartir tan hermosas imágenes e informarnos a detalle de estas arquitecturas maravillosas.. No dejes de mantenernos informados, felicidades…

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