Muro de las Lamentaciones: si las piedras hablaran


En 1981, la UNESCO incluyó a Jerusalén en su lista de Patrimonio de la Humanidad. Sus 220 monumentos históricos y su simbolismo le valieron pertenecer a este selecto club, aunque, eso sí, con bastantes controversias que siguen en liza hoy en día.
Desde entonces la entrada de viajeros en Tierra Santa ha pasado por momentos mejores y peores, siendo la situación actual realmente prometedora, Jerusalén es el destino turístico que más rápido está creciendo entre 100 ciudades del mundo.

Jerusalén, como todos sabemos es una ciudad santa para las tres religiones de tradición abrahámica del mundo, judíos, cristianos y musulmanes, y, aunque a menudo es el centro de conflictos y divisiones entre estos, todos coinciden en su reverencia a esta tierra sagrada. Para los judíos, el tema que hoy nos atañe, es muy importante porque en ella se encuentra entre otros el Monte del Templo, el Muro de los Lamentaciones o Muro Occidental, tumbas judías en el valle de Cedrón, el cementerio judío en el monte de los Olivos y la tumba del rey David.
Hay cerca de 14 millones de judíos en el mundo. En Israel viven judíos de más de cien nacionalidades distintas, y todos ellos encuentran aquí sus raíces ancestrales independientemente de su país de origen. Hasta 2006, la mayor comunidad se encontraba en los Estados Unidos. Ahora la población judía en Israel ha sobrepasado la de Estados Unidos y entre ambas comunidades juntas suman el 80% de la población judía mundial.

 

Plaza del Muro Occidental

Desde lo alto de unas escaleras la divisamos, la Plaza del Muro Occidental bulle de actividad. Hemos pasado un control de seguridad y nos han revisado bolsos y cámaras, nos explican que la seguridad no es cosa de broma sino algo que aquí se toman, para nuestra tranquilidad, muy en serio. Estamos entrando en un lugar que demasiado a menudo es el epicentro de los contenciosos en el conflicto árabe-israelí*. Un lugar en el que herir sensibilidades puede acabar de forma dramática.
Israelíes seculares de Tel Aviv con camisetas y gafas de sol observan con distancia el muro mientras grupos de judíos ortodoxos con sus reconocibles vestimentas negras, sombreros y tirabuzones rezan cara al muro sosteniendo sus torás absortos en sus oraciones. Grupos de turistas y peregrinos extranjeros se toman selfies mientras intentan entender qué pasa en la plaza. Hay un ambiente festivo y ruidoso, al que se le suman pequeños grupos de hombres y adolescentes celebrando bar mitzvahs, algo así como la entrada en el mundo de los adultos para los niños de 13 años.

Como siempre, la realidad no suele coincidir con la imagen que desde el país de origen tenemos de las cosas. No sabía que la plaza está dividida en dos zonas, una para los hombres y otra para las mujeres, es decir, que se ora juntos pero no revueltos. Esto es llevado hasta el extremo de que incluso en la celebración del bar mitzvah los hombres y niños celebran en una zona y las parientes femeninas se tienen que conformar con asomarse desde la barrera y participar a distancia, cantando y lanzando pequeños dulces por encima del murete de separación.

 

El Monte del Templo y el Muro Occidental

Fue en el Monte del Templo donde el rey Salomón construyó el Primer Templo Santo en el 957 a.c. que sería arrasado por el rey de Babilonia, Nabucodonosor, en 586 a.c. No mucho después de eso, en 516 a.c., un Segundo Templo Sagrado fue construido con gran magnificencia en el mismo sitio bajo el mandato de Herodes el Grande, volviendo a ser el centro del mundo espiritual judío. El Muro Occidental o Muro de las Lamentaciones es un remanente sobreviviente del segundo templo, destruido por los romanos en el año 70. Las ruinas del Templo quedaron ocultas durante siglos debajo de los escombros y se construyeron nuevas estructuras sobre los restos.
Aunque otras partes del muro de contención del Monte del Templo (monte Moriah) permanecen en pie,el Muro Occidental es especialmente venerado, ya que es el lugar más cercano al Sancto Santorum, la parte más sagrada (valga la redundancia) del Templo. La tradición judía enseña que toda la creación comenzó en Jerusalén y que su epicentro es el monte Moriah. Es aquí, en el monte Moriah, donde Isaac fue ofrecido en sacrificio por su padre Abraham. Y es aquí donde su hijo Jacob soñó con la escalera que ascendía al cielo. También fue en este monte donde Adán fue creado y donde el rey David trasladó el arca de la alianza al primer templo edificado por Salomón.

La gente escribe plegarias a Dios y las coloca entre las grietas de las antiguas piedras del Muro como si desde allí algún tipo de conexión las llevase directamente a Dios, y es que el Muro Occidental, el Kotel, es el lugar más importante del mundo para el pueblo judío y el elemento clave de la capital “eterna” de Israel. El Muro y su turbulenta historia es la historia misma del pueblo judío, ha resistido el tiempo, ha sido testigo de guerras y paz, de destrucción y renacimiento y durante siglos ha recibido las oraciones y los anhelos de los que están cerca y lejos. A día de hoy, es el lugar más visitado de Israel…

El Muro Occidental es a su vez parte de un lugar de gran veneración para los musulmanes, al que llaman al-Haram al-Sharif. La mezquita de al-Aqsa y la Cúpula de la Roca se encuentran construidas sobre ella siendo el tercer lugar en importancia para los musulmanes.

A través de los siglos y hasta el final del mandato británico en 1948, a los judíos no se les permitió orar libremente en el Muro Occidental. Entre 1948 y 1967, a ningún judío se le permitía ni tan siquiera acceder a la Ciudad Vieja bajo control Jordano, por lo que durante diecinueve años ningún judío visitó el Muro Occidental. El Muro fue liberado en el tercer día de la Guerra de los Seis Días por los paracaidistas de Israel. El barrio de Moghrabi (barrio marroquí) fue demolido inmediatamente, y posteriormente, los edificios colocados contra el Muro en su continuación hacia el sur fueron retirados. Toda el área despejada frente al Muro Occidental fue nivelada y convertida en un gran espacio abierto pavimentado donde nos encontramos.

*Nota: El estatus de Jerusalén este u oriental, conquistada en 1967 por Israel, se encuentra disputado, ya que en este sector se incluye la Ciudad Vieja donde el Estado de Palestina pretende establecer su capital. Israel tras la mencionada Guerra de los Seis Días considera que la ciudad es un todo unificado y la declaró su capital “eterna e indivisible” mediante la Ley de Jerusalén en 1980. Debido a la importancia compartida de la ciudad, las Naciones Unidas se niegan a reconocer a Jerusalén como la capital de Israel, y casi todas las naciones, mantienen sus embajadas en Tel Aviv.

Por Ana Morales © Copyright 2019 – Todos los derechos reservados

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