Visita al Santo Sepulcro de Jerusalén


Contemplamos, o mejor aún, nos contemplan 5.000 años de historia.

La ciudad antigua de Jerusalén, capital del Rey David, cuna de civilizaciones y encrucijada de culturas desde tiempos bíblicos, es una ciudad compleja donde no siempre es fácil la convivencia, un crisol asentado en una superficie de poco más de un kilómetro cuadrado donde la tres religiones monoteístas del mundo comparten los espacios e interpretan la historia, eso sí, juntas pero nunca revueltas, cada una en “su Jerusalén”. Sí, habéis leído bien. En un área inferior a 1 km cuadrado encontramos algunos de los lugares más sagrados para las tres religiones al tiempo que se aglutinan cada día miles de personas de los 5 continentes en peregrinación, turismo o negocios. En cada uno de sus barrios: musulmán, judío, cristiano o armenio se vive, se comercia, se trabaja y se vive según los dictados de su cultura y religión.

Se acerca a pasos agigantados la Pascua y acabo de regresar de Israel por lo que me parece una gran oportunidad  para hablaros de un lugar de gran significación para la cristiandad, me refiero a la impresionante Basílica del Sagrado Sepulcro en Jerusalén. Estoy segura de que no os dejará indiferente.

Me apetece desvelar a todos aquellos que no habéis pisado Tierra Santa lo que para mí ha sido un descubrimiento y, sin duda la más importante de las visitas que se pueden hacer en Jerusalén al margen de la motivación que os lleve allí, turismo, religión o simplemente la curiosidad. Yo estaría dentro de estos últimos, me apasiona la historia y la conexión que podemos encontrar  con el presente. Aunque conozco las historias narradas en la Biblia y en este caso, esto es de gran ayuda para intentar entender todo lo que atesora esta ciudad, no me considero una persona religiosa, por lo que mi punto de vista no puede ser el de un peregrino.  Me seguís?

 

La Vía Dolorosa

El acceso a la Basílica del Santo Sepulcro lo hicimos desde la Vía Dolorosa, tomándola en la confluencia del barrio musulmán con el cristiano, estación nº V, hasta la IX, donde se encuentra la Iglesia copta de Santa Elena. Como algunos ya sabéis y según las creencias del cristianismo, la Vía Dolorosa es el camino que Jesús recorrió cargando con la cruz desde la prisión donde fue azotado, (Iglesia de la Flagelación), hasta el calvario o Monte Gólgota donde fue finalmente crucificado. Sus pasos se recuerdan a lo largo de esta vía a través de las estaciones del Via Crucis que termina en el interior de la Basílica del Sagrado Sepulcro. La IX estación está junto al Patriarcado copto, donde un capitel de columna y unas cruces de madera apoyadas sobre la pared recuerdan la tercera caída de Jesús.

 

Iglesia copta de Santa Elena

Decidimos entrar en la iglesia copta de Santa Elena en el momento en que estaban dando el servicio religioso, por lo que pudimos observarlo durante unos minutos. Sabed que la iglesia se encuentra en el recinto del Patriarcado Copto, ubicado básicamente en el techo del Santo Sepulcro y que descendiendo por unas minúsculas, húmedas y mal iluminadas escaleras de piedra que hay en el fondo frente a la entrada abierta en la roca de la pared estaréis en un gran aljibe de agua que muy pocos visitan y que se conoce como la piscina de Santa Elena. A la izquierda de la IX estación se extiende una amplia terraza de la que surge la cúpula de la Capilla de Santa Elena (que está situada debajo). Esta terraza es en la actualidad es la residencia de los monjes etíopes, y a través de ella se abre un estrecho pasaje que conduce directamente frente a la fachada de la Basílica del Santo Sepulcro.

Apunte: muchas veces durante el recorrido tendréis que pensar en la fisionomía de la ciudad dos mil años atrás para entender vuestros pasos y pensar que aunque nosotros siempre estaremos caminando dentro de la ciudad, la crucifixión, muerte y resurrección de Cristo ocurrieron extramuros, por ello hoy en día estos lugares (las últimas cinco estaciones) están dentro de la ciudad y además dentro de la basílica. El nivel de la calle lo podéis ver en otras partes de la ciudad donde se permite excavar, los restos de calzada romana van unos veinte metros por debajo de las calles que hoy pisamos. A los peregrinos estos detalles no parecen preocuparles y así lo demuestra el hecho de que la piedra insertada en la pared (estación V) donde se dice que Jesús se apoyó está desgastada de los millones de personas que la habrán tocado, sin embargo la calle original está muchos metros por debajo.

 

Los custodios del Santo Sepulcro

Los lugares de la crucifixión, muerte y resurrección se encuentran por tanto custodiados en el interior de este complejo eclesiástico bajo el control de seis confesiones cristianas con gran rivalidad entre ellas: católicos (franciscanos), cristianos ortodoxos griegos, (tienen aquí sede patriarcal), ortodoxos armenios y con menos peso también están los coptos, sirios y etíopes.  Si miráis la fachada principal os resultará curioso ver una escalera situada bajo el alfeizar de la ventana superior derecha, este es un claro testimonio que prueba la rivalidad entre las seis comunidades. Lleva en esta misma ubicación desde 1757 y solo ha sido desplazada en alguna mudanza ocasional. Al estar en una zona común del templo ningún clérigo de las diferentes comunidades puede tocarla ni modificar su emplazamiento. Ni siquiera para un asunto intrascendente como este se han podido poner de acuerdo en más de 250 años.

 

Deir es sultan

Pues como os estaba explicando, accedimos dentro de la basílica por un patio, desde donde emerge la cúpula de la capilla de Santa Elena. Aquí se encuentra otra capilla lateral conocida como “la capilla etíope” o Deir es sultan. Los monjes etíopes habitan sobre el mismísimo techo de la Iglesia del Santo Sepulcro. Me sorprendió la absoluta frugalidad, por no decir insalubridad con la que viven. Unas celdas minúsculas como palomares sin ninguna comodidad moderna, que tienen siglos de antigüedad y que fueron construidas por los cruzados, son su hogar. Sin embargo, a pesar de esta marginación, no son unos recién llegados, la presencia etíope en Jerusalén se remonta al siglo IV. Los monjes narran que fue la propia Elena quien les dio las llaves del Santo Sepulcro y, aferrados a esa convicción, resisten sabiendo que son los representantes de todos los africanos en Tierra Santa. En 1808, un incendio destruyó los documentos que sustentaban  sus derechos históricos a la custodia del Santo Sepulcro. Los representantes de las otras cinco confesiones con idénticos derechos aprovecharon para expulsarlos de la basílica. Como ya os comentaba hay una gran competencia entre las distintas ramas del cristianismo y son incapaces de ponerse de acuerdo hasta para decidir si hay que cambiar una simple bombilla.

Así que antes de acceder a la Basílica decidimos entrar a ver la capilla etíope. El interior de la misma también conocida como San Miguel Arcángel es humilde y sencilla y está adornada con coloridas pinturas de santos representando el encuentro entre el rey Salomón y la mítica reina de Saba, de quienes los emperadores de Etiopía se han declarado herederos hasta la caída del último de ellos, Haile Selassie, hace más de cuarenta años. Dice la leyenda bíblica que el Arca de la Alianza está en Etiopía, en Axum. La conexión fue la relación que tuvo la reina de Saba con el rey Salomón, del cual nacería Menelik I quien se supone trasladó el arca desde Jerusalén hasta Etiopía. Su existencia, sin duda, constituye uno de los grandes misterios de la historia de la cristiandad, qué parte es mito y qué parte es historia, es difícil de saber.

Tras salir de la capilla etíope ya accedemos por la fachada principal al interior del Santo Sepulcro por una plaza que está abarrotada de gente. El interior de la basílica me deja muy sorprendida. No tenía ninguna información previa del templo y me dejó sin palabras. Quizás porque lo esperaba mucho más humilde y austero acorde con las enseñanzas de Jesús y nos encontramos con un espacio catedralicio con una amalgama de estructuras adosadas que parecen añadidas anárquicamente y que están abarrotadas de gente. Esto es fruto de la tormentosa historia de los cristianos en Jerusalén, el templo fue construido y reconstruido a lo largo de los siglos desde tiempos romanos hasta nuestros días. Todo y así la catedral me recuerda en muchos aspectos a Santa Sofía en Estambul, predominando el mármol en su interior, las enormes columnas, y la profusa decoración con piezas de incalculable valor artístico como mosaicos bizantinos. No obstante, el estilo del edificio actual se engloba dentro del románico en transición al gótico.

Muchos posiblemente se pregunten cómo se ha podido tener la certeza de que efectivamente esta iglesia guarda esos santos lugares. Porqué están aquí y no en la otra cantera donde se encuentra la conocida como “la tumba del jardín”, por ejemplo.

En este tema de gran trascendencia, la arqueología ha sido de bastante ayuda. Se ha constatado la existencia de la cantera que se conocía como Gólgota y la existencia de las tumbas y así se reconfirmó con la apertura del sepulcro y el análisis de las rocas de la tumba que se llevó a cabo hace un par de años, hallando pruebas indirectas que apuntan a que la identificación del sitio, hecha unos 300 años después de la muerte de Jesús por representantes del emperador romano Constantino es razonable, si bien nunca se podrá constatar que esa sea la tumba de Jesús, ni tan si quiera que este fuese enterrado. Obviamente, aquí entramos en asuntos de fe.

Constantino el Grande, que fue el primer emperador romano en permitir el culto cristiano (esta no se convertiría en la religión oficial del imperio hasta el mandato de Vespasiano allá por el año 380) envió a su madre, la emperatriz Elena a los santos lugares en el año 327 con el cometido de localizar los lugares santos para honrarlos debidamente construyéndoles una basílica. Parece ser que Elena entró en contacto con los cristianos y sabios judíos que vivían en Jerusalén quienes le contaron el lugar exacto del emplazamiento, marcado para siempre por el templo pagano que el emperador romano Adriano construyó dos siglos atrás justo encima para acabar con el creciente culto cristiano. Elena, que era una gran devota, horrorizada, ordenó la demolición del templo para cumplir la voluntad de su hijo, e hizo cavar hasta que le dieron noticias de haber encontrado la Vera Cruz. Con el apoyo del obispo Macario se construye la primera Iglesia del Santo Sepulcro que estuvo en pie 7 siglos hasta que en 1.009, los fatimíes destruyeron por completo la iglesia, la cual fue reconstruida de nuevo a mediados del siglo XI.  Sí, sin duda fue una feliz y conveniente coincidencia que precisamente cuando Constantino decide permitir el culto cristiano su madre octogenaria viaja a Jerusalén y encuentra estos lugares pasados más de trescientos de los hechos narrados en la Biblia…

Teniendo en cuenta que, en dos mil años la ciudad ha crecido desplazando sus murallas más al este; el Gólgota con su cementerio pasó a quedar dentro de la ciudadela, como han constatado las excavaciones arqueológicas que han localizado no sólo la tumba donde se cree que descansó el cuerpo de Cristo, sino también la de José de Arimatea, su benefactor, quien según la Biblia ofreció la tumba de su familia para que Jesús fuese enterrado allí. Ambas tumbas están dentro de la Rotonda de la Iglesia del Santo Sepulcro, mientras los restos de Gólgota han sido localizados bajo la Capilla de Santa Elena, quedando así confirmada la autenticidad de la localización.

La Iglesia se compone de varias capillas dispuestas en torno a una nave central coronada por dos ábsides.

En la entrada encontramos la piedra de la unción. Según Mateo 27,35 “Aquí lo desnudaron y se repartieron sus ropas”. Los peregrinos se arrodillan  y tocan la losa de mármol, pasando por ella estampas y recuerdos para bendecirlos.

Subiendo las escaleras a la derecha le sigue la X y XI Estación, estaremos  en el Gólgota. Los techos abovedados están bellamente decorados, con suntuosidad llenos de mosaicos, lámparas y dorados.

La décima y undécima estación están separadas por pocos metros. En el altar de bronce plateado, donado por Fernando I de Médici, se encuentra la piedra que cerraba el sepulcro y el punto exacto donde clavaron la cruz. Los monjes controlan en todo momento a los peregrinos.

Estación XII, Jesús muere en la cruz. Este es el lugar en el que la tradición sitúa el levantamiento de la cruz y la muerte de Jesús. Una larga fila de peregrinos espera su turno para tocar bajo el altar Griego la roca del Calvario, un disco de plata situado bajo el altar que rodea el agujero donde se erigió la cruz.

El Descendimiento también ha sido marcado con la Estación XIII como el lugar donde fue entregado Jesús a su familia una vez muerto en la Piedra de la Unción.

Acabamos el recorrido en la Rotonda y el Edículo, que es el Sepulcro de Jesús, que se encuentra bajo la cúpula más grande de la iglesia en el interior de un templo de mármol rosáceo dividido en dos pequeñas estancias tenuemente iluminadas. La tumba en la actualidad es una losa de piedra caliza tallada en la pared de una cueva protegida con una losa de mármol, probablemente para impedir que los visitantes se llevaran fragmentos de la roca original como recuerdo del lugar.

Las colas para acceder al interior son inmensas dando la vuelta al recinto donde se custodia el sepulcro, pero es la última de las estaciones del Vía Crucis. Gentes de todo el mundo esperan con paciencia pues esta es la culminación del peregrinaje para la gran mayoría de ellos. Dos monjes ortodoxos controlan la entrada con cara de pocos amigos permitiendo el acceso de dos o tres personas cada 2 o 3 minutos. Os añado una imagen del Edículo en Semana Santa para que os hagáis una idea de la magnificencia del lugar.

Otra capilla que se debe visitar es la Cripta de Santa Helena, construida en el S.XII por los cruzados, edificada en el lugar donde se cree que esta encontró la Veracruz, hoy esta capilla es una iglesia armenia.

 

Más información:

Horario de apertura: Lunes-Domingo: de 05:30 a 19:00

Dirección: Via Dolorosa, Q6HH+9R, Old City, Jerusalem

Por Ana Morales © Copyright 2019 – Todos los derechos reservados

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