Hoy dedico esta entrada a la biografía de un personaje femenino fascinante, para siempre ligado a la historia de Estambul: Florence Nightingale. Aún hoy sigue siendo popularmente conocida como “La dama de la lámpara”, frase acuñada por los soldados heridos que esperaban ansiosamente sus visitas nocturnas mientras se abría paso por el laberinto de pasillos, salas y barracones del cuartel de Selimiye, iluminando sus pasos con un tenue candil.

 

Florence Nightingale

¿Pero, quien era Florence, a la que incluso se le ha dedicado un museo en la ciudad? ¿Y por qué su recuerdo pervive siendo incluso el nombre de un potente grupo hospitalario hoy en día?

Florence Nightingale, célebre reformadora social y estadística inglesa es considerada la fundadora de la enfermería moderna.

Florence, llamada así en honor a la ciudad italiana en la que vio la luz, fue la segunda de las dos hijas nacidas durante la extensa luna de miel europea de William Edward y Frances Nightingale. Nació en 1820 y se crio en Derbyshire, Inglaterra. Allí recibió una educación clásica y acorde con lo que se esperaba de una dama de su posición. Pero Florence fue una niña intelectualmente precoz, lo que hizo que su padre se interesase especialmente en su educación, guiándola a través de la historia, la filosofía y la literatura. Destacó en matemáticas e idiomas y pudo leer y escribir francés, alemán, italiano, griego y latín a una edad muy temprana. Nunca satisfecha con las habilidades femeninas tradicionales de la gestión del hogar, prefirió leer a los grandes filósofos y entablar un discurso político y social serio con su padre.

A la edad de 16 años, y a raíz de lo que pareció una incipiente “vocación” religiosa, se comenzó a interesar por las cuestiones sociales de la época. Ella entendió su vocación particular como un modo de ayudar a reducir el sufrimiento humano. La enfermería parecía la ruta adecuada para servir tanto a Dios como a la humanidad. Sin embargo, a pesar de haber cuidado de parientes enfermos y arrendatarios de las propiedades familiares, sus intentos de obtener formación en enfermería fueron frustrados por su familia por considerarlos una actividad inapropiada para una mujer de su clase.  A pesar de las reservas familiares, Nightingale finalmente pudo inscribirse en la Institución de Diaconisas Protestantes de Kaiserswerth (Alemania) donde recibió una breve capacitación en julio de 1850 y nuevamente durante tres meses en julio de 1851. Allí aprendió habilidades básicas de enfermería, la importancia de la observación paciente, y el valor de una buena organización hospitalaria.

En octubre de 1853, el Imperio Otomano Turco declaró la guerra a Rusia, tras una serie de disputas sobre los lugares sagrados en Jerusalén y las demandas rusas de ejercer protección sobre los súbditos ortodoxos del sultán otomano. Los británicos y los franceses, aliados de Turquía, buscaron frenar la expansión rusa. La mayor parte de la guerra de Crimea se libró en la península de Crimea en Rusia. Sin embargo, la base las tropas británicas y los hospitales para el cuidado de los soldados enfermos y heridos se establecieron principalmente en Scutari (Üsküdar), al otro lado del Bósforo en Constantinopla (Estambul).

Esta dama de la Inglaterra victoriana no dudó en trasladarse a la ciudad recién declarada la guerra contra Rusia en 1854, con un contingente de 38 enfermeras para organizar una unidad de enfermería para atender a los heridos del frente de batalla de Crimea. A su llegada, encontró a 2.300 heridos ya instalados en el Cuartel Militar de Selimiye en Üsküdar (antiguo Scutari). En unas semanas, aquello se convirtió en un infierno, el número de heridos aumentó a 10.000 soldados turcos, franceses y británicos. Vio la sobrepoblación de las salas, los pasillos e incluso las torres. Ella creía que las malas condiciones sanitarios (comunes a todos los hospitales de la época en ese momento) más el hacinamiento, eran los responsables de la aterradora tasa de mortalidad. De hecho,  estaba segura de que los heridos y moribundos, que dormían en habitaciones sucias y abarrotadas, a menudo contraían otras enfermedades como el tifus, el cólera y la disentería, muriendo de enfermedades adquiridas en el hospital más que por sus heridas.

Durante sus dos años en Üsküdar organizó un nuevo tipo de hospital de guerra, sentando las bases de la enfermería moderna.

La defensa y los cuidados de Florence Nightingale por los soldados fue más allá de la enfermería (enviaba salarios a las familias de los heridos, ayudaba a escribir la correspondencia, leía libros de la biblioteca, etc.) Se prestó atención a las necesidades psicológicas de los pacientes, con actividades educativas y recreativas, lo que hizo que la introducción de enfermeras en los hospitales militares tuviese un éxito sobresaliente a pesar del recelo y la mala acogida inicial que tuvieron.

El 30 de marzo de 1856, el Tratado de París puso fin a la Guerra de Crimea. Nightingale permaneció en Scutari hasta que los hospitales de campaña estuvieron listos para cerrar, regresando a su casa en Derbyshire el 7 de agosto de 1856, convertida en una heroína a su pesar.

Sus reformas no se terminaron con la finalización de la contienda ya que, a su regreso, se organizó una suscripción pública para que el dinero recaudado pudiera utilizarse para permitir que Florence continuara su reforma de la enfermería en los hospitales civiles de Gran Bretaña. En 1856, hizo campaña para una Comisión Real que investigase la salud del ejército británico.

En 1860, estableció la Escuela de Formación Nightingale para enfermeras en el Hospital St Thomas, donde las enfermeras en período de prueba recibían un año de formación práctica en sala. Su apoyo a la escuela continuó durante 30 años. Ese año se publican sus “Notas sobre enfermería”, en las que se establecen los principios de la enfermería: observación cuidadosa y sensibilidad a las necesidades del paciente.

Florence Nightingale estuvo postrada en cama durante muchos años, en la primera de varias excursiones a Crimea enfermó de “fiebre de Crimea”, muy probablemente brucelosis, y experimentó una recuperación lenta, ya que no se disponía de un tratamiento activo. Los efectos persistentes de la enfermedad iban a durar 25 años, y con frecuencia la confinaban a la cama debido a un dolor crónico intenso. Pero continúo trabajando incansablemente para mejorar los estándares de salud, publicando 200 libros, informes y panfletos.

Gracias a sus esfuerzos, la enfermería se elevó a profesión médica con altos estándares de educación e importantes responsabilidades.

Fue la primera mujer galardonada con la Orden del Mérito (1907).

El Día Internacional de las Enfermeras, que se celebra anualmente el 12 de mayo, conmemora su nacimiento y celebra el importante papel de las enfermeras en la atención de la salud.