En tiempos de cuarentena, muchos han mirado con interés esta filosofía nórdica que revaloriza lo sencillo y hogareño.

Estamos casi en noviembre y vienen por delante meses muy duros. Meses de nuevas restricciones a la movilidad, pseudoconfinamientos, trabajo desde casa los afortunados que dispongan de esa opción, colegios bajo sospecha: el Covid sigue campando a sus anchas por el mundo y su impacto en la economía y la dinámica social se prevé será profundo y duradero.

Estos meses más inmediatos que incluyen fechas tan entrañables como las Navidades coinciden además con los días más cortos y oscuros del año, con el cambio horario en muchos países de Europa, con un estado anímico muchas veces algo decaído y nostálgico, que este año se verá irremediablemente agravado por la prolongada falta de normalidad, la angustia por preservar nuestra salud y la de los nuestros, por las continuas noticias nada alentadoras, o por la incertidumbre de si podremos reunirnos con la familia en Navidad incluso…

Hay que empezar a trabajar ya y prepararnos para este escenario. Para asumir que no tenemos otra opción pero al mismo tiempo para adaptarnos a ella del modo menos dañino para nuestra salud mental y física. Un cambio de actitud y la búsqueda de un bienestar interior y exterior que nos haga estar en paz y preparados para afrontar del mejor modo los acontecimientos.

Hoy he querido mirar hacia Dinamarca, un país que solemos tomar de ejemplo en muchas ocasiones, sobre todo cuando se trata de temas de protección social o de conciliación familiar. Sí, reconozco que cuando les visité hace un par de años me dió una tremenda envidia observar lo bien que se vive allí y todos los logros sociales que han conseguido. Copenhague me atrapó: a diferencia de lo observado en la mayor parte de las capitales europeas, los copenhaguenses no parecían en absoluto estresados ni con prisa. En Copenhague uno se siente bien, incluso podríamos calificarla de slow town,  una ciudad feliz con sus bicicletas, sus áreas peatonales y sus decenas de bonitas y acogedoras cafeterías. Y a colación de todo lo anterior me ha venido a la cabeza una palabra que comencé a escuchar allí y que como sucede a menudo no tiene una traducción directa al castellano; “hygge

Qué es hygge?

Hygge deriva de un término danés-noruego que significa o indica “bienestar”.

Hygge es a la vez sustantivo y adjetivo para designar comodidad, bienestar y convivencia con los seres queridos, es la felicidad que nos reportan las pequeñas cosas. Hygge no se limita solo a Dinamarca, sino a todos los países ubicados en el hemisferio norte, con largos y sombríos inviernos y días sin luz. Es un antídoto probado contra la melancolía.

Hygge es la búsqueda de la felicidad en los pequeños placeres de la vida, los daneses son expertos en encontrar momentos de felicidad cotidiana que no pueden ser comprados con dinero. Así que creo que algo deberíamos aprender de ellos…pero profundicemos un poco más en el significado de esta palabra que para muchos es ya casi un mantra.

Dinamarca es, según la ONU uno de los países más felices del mundo. Seguro que el tener una renta per cápita que está entre las más elevadas del hemisferio y saber que se cuenta con toda la protección social necesaria algo debe de influir o al menos debe facilitarlo pero… hygge no es una moda o una tendencia pasajera para los daneses, es una filosofía que jóvenes y mayores aplican en su vida cotidiana y que se inculca desde la propia familia. Probablemente esta sea parte de la clave de su éxito y podría ser (sí!) tu antídoto contra el estrés de la vida moderna. Hygge es una actitud frente a la vida, implica hacer lo que realmente nos hace felices, hacer aquello que nos ofrece serenidad y tranquilidad  en un mundo que vive a un ritmo vertiginoso.

Hygge implica crear un ambiente cálido y feliz, además de vivir el momento y disfrutar de los placeres simples de la vida con tus seres queridos. Y como ocurre con las mejores cosas de la vida, hygge es gratis, o al menos muy barato. De hecho, cuanto más dinero, prestigio o postureo se asocia con una actividad, menos hygge es. Porque el hygge se crea de puertas para adentro, no en el sentido espacial sino en un sentido de intimidad, en tiempos de cuarentena, muchos han mirado con interés esta filosofía nórdica que revaloriza lo hogareño. Y yo también he querido hacerlo.

 

El ejemplo danés

Quiero ayudaros a enfocar vuestra atención en pequeños detalles que espero os ayuden a implementar el “hygge”;

  1. Ayuda a otros, haz el bien, está más que demostrado que involucrarse en causas de modo altruista aumenta también nuestra propia felicidad y satisfacción personal.
  2. Reduce la velocidad. Quizás es de las cosas que más nos cuestan, nos levantamos corriendo, llegamos corriendo al trabajo, salimos del mismo corriendo a por los hijos, a casa, actividades extraescolares, baño, cena…etc etc. A menudo nos sentimos como ratones dentro de una rueda. Vale, hay cosas que son ineludibles pero hay que intentar que toda esa maratón se quede tras las puertas de casa.
  3. Crea tu propio “refugio”. No hay que entender este punto como “el momento snob de esta disertación”. Crear el ambiente adecuado ayuda pero no se trata de tener una casa de “revista” como en numerosos artículos y revistas se empeñan en hacernos creer.  Una casa hygge es más una casa de sensaciones que de revista. Y ha de ser una casa que nos ofrezca sensación de confort, intimidad y comodidad. Los tonos neutros y los materiales naturales tan identificativos de la decoración nórdica, transmiten esa serenidad. Pero vale todo lo que nos haga sentir bien.

  1. Ponte cómodo: ropa ultra cómoda, luz tenue, velas, incienso o una música suave de fondo permitirán que nos sintamos más tranquilos y nos relajemos.
  2. Céntrate en el aquí ahora, esta práctica está muy relacionada con el mindfulness. Estad en el presente, fuera la televisión, ordenadores o Internet, dejad los dispositivos electrónicos a un lado y que no interfieran en estos momentos de asueto. Al menos cuando se trata de pasar tiempo con sus amigos y familiares es mandatorio.
  3. Mira a la naturaleza, porque cuantos más sentidos puedas involucrar, más estarás en el momento presente y, por lo tanto, más bienestar nos dará cualquier actividad. Para practicar hygge no es necesario estar siempre en nuestro hogar. Es tan bueno para tí salir a pasear con tu perro, como dar un paseo en bicicleta, o hacer una BBQ al aire libre o un pic-nic con amigos…hay centenares de combinaciones.

Pero, ¿se puede replicar esta filosofía que parece fomentar la felicidad a otros países?

Quizás sea la austeridad lo que nos impulsa a mirar hacia los placeres más simples de la vida, o quizás busquemos inspiración en nuestros vecinos nórdicos sobre cómo convertirnos en una sociedad más progresista,  igualitaria o sostenible. Lo cierto es que en muchos países ya se han dado cuenta de que el hygge es un ingrediente clave, y creo que por supuesto es exportable y que implementar un poco de este modo de entender lo cotidiano nos puede ayudar a todos a ser más felices y más conscientes del momento, a vivir una vida más plena. Solo depende de cada uno de nosotroos.