Hoy vamos a bucear en la historia del edificio religioso en pie más antiguo de Estambul, la Iglesia bizantina de los Santos Sergio y Baco, conocida popularmente como “Küçük Aya Sofya”  en turco, o Pequeña Santa Sofía.

Si bien este apodo está bien justificado, quizás a alguno le haría pensar que primero se construyó la catedral bizantina, y que fue esta humilde iglesia fuera del recorrido turístico típico la que posteriormente emulase o se inspirase de la primera. Sin embargo, esto fue exactamente al contrario. Hoy os lo explico.

 

La construcción de Küçük Aya Sofya

La construcción de la Iglesia de los Santos Sergio y Baco comenzó en el año 527 y terminó en el año 536 por orden de los emperadores bizantinos Justiniano y Teodora, en respuesta a lo que ellos entendieron como un desafío de la aristócrata romana Anicia Juliana. Anicia Juliana era hija de Olybrio, quien fue emperador de oriente por unos meses en el año 472. El hijo de esta, casado con la hija y heredera del emperador Anastasio, tenía todas las papeletas para conseguir tarde o temprano la sucesión y por tanto, la consagración suprema. Pero quien hubiese sido emperador de oriente nunca lo consiguió porque a la muerte de Anastasio en el año 518, el ejército proclamó emperador a un comandante de la guardia, un campesino iletrado de Iliria llamado Justino, que adoptó como su sucesor a su sobrino Justiniano, quien sí que llegaría a vestir la púrpura imperial. Anicia, al sentir frustrado su sueño imperial y ver como el imperio caía en manos de advenedizos de baja extracción social reaccionó con un gesto de soberbia, mandando la construcción de la iglesia de San Poliuto, consagrada a un legionario romano martirizado en el año 251. Este alarde de riqueza, piedad y nobleza de linaje fue visto por la nueva pareja imperial como una provocación y un desafío que Teodora se tomó como algo personal, ordenando al arquitecto Antemio de Tralles comenzar la edificación de una nueva iglesia cerca de las murallas del sur de la ciudad. ( Os suena este nombre? Recordad que junto con Tales de Mileto serían los arquitectos de Santa Sofía poco tiempo después.)

Esta nueva iglesia emplazada a orillas del mar de Mármara, estaba encaminada  a establecer en Constantinopla un nuevo dogma, el monosifismo, del cual la emperatriz era gran seguidora, un nuevo culto, el de San Sergio, popular en otros rincones del imperio, y un nuevo modelo arquitectónico: un octógono irregular inscrito en un rectángulo. El sitio elegido en cuestión estaba justo dentro de los muros al oeste del Palacio de Hormisdas (donde vivía Justiniano antes de ascender al trono), cerca del Hipódromo, y esta nueva iglesia quedó alineada con una basílica existente, la iglesia de San Pedro y San Pablo, que Justiniano había comenzado a construir en 519 y de la que tampoco queda ya nada hoy en día.

El por qué se consagró en honor de Sergio y Baco es casi con total certeza porque estos son los dos santos patronos de los cristianos en el ejército romano.

Tanto San Poliuto, de la que ya no queda nada más que cuatro piedras en ruinas y la pequeña Santa Sofía fueron la fuente de inspiración para Santa Sofía. El hecho de que el mismo arquitecto aplicase y perfeccionase las mismas soluciones arquitectónicas años después hace pensar que la pequeña santa Sofía fue quizás un intento previo, o un esbozo a menor escala, de lo que luego sería la famosa catedral.

 

Reconvertida en mezquita

Unos cincuenta años después de la toma de Constantinopla, la iglesia fue reconvertida en mezquita. Fue Hüsein Aga, el jefe de los eunucos blancos del harén imperial de Topkapi quien edificó un convento de derviches en el emplazamiento del atrio. El minarete y la madraza (escuela coránica) datan de esta misma época.

El hecho de que este edificio se convirtiese en mezquita ha permitido que hoy lo podamos disfrutar. Las escasas veinte iglesias bizantinas que han llegado a nuestros días ha sido precisamente por su transformación en mezquitas, ya que en tiempos de Beyaceto II ya estaban bastante abandonadas y saqueadas, y, de hecho hasta se cedían a los nuevos colonos que llegaban a la pujante ciudad para que se estableciesen en los terrenos. La pequeña Santa Sofía no fue una excepción, era un mercado de caballos cuando fue reconvertida en mezquita. La tumba de Hüsein Aga se encuentra al norte del edificio.

 

El interior

El exterior es de ladrillo rojo, como en Chora y en el interior su decoración es simple y elegante, en tonos azul, gris claro y blanco, lo que le da a todo el lugar un aspecto sereno y delicado. No destaca esta mezquita por resultar grandiosa ni rica en ornamentos, aunque de hecho, diría que lo es, es una mezquita de dos plantas, con numerosas columnas de mármol, modesta por la decoración pero en la que se puede disfrutar del recogimiento y el ambiente espiritual que deberíamos esperar encontrar en cualquier edificio religioso en la que el espacio es el protagonista.

En el pasado estuvo, al igual que Santa Sofía, recubierta por mosaicos dorados que fueron destruidos por la furia iconoclasta. Se pueden ver los anagramas de la pareja imperial en alguna de las columnas de mármol en tonos verdes y rosáceos. Presten atención a los bellos capiteles labrados de motivos vegetales.

Las celdas de la madraza, dispuestas alrededor de la explanada de la mezquita, ahora son utilizadas por libreros y encuadernadores de segunda mano, quien sabe si aquí encontrareis algún recuerdo especial de vuestra visita. Ah, en la frondosa explanada hay un tranquilo çay bahçesi (jardín de té) donde podéis relajaros con un vaso de té.

La leyenda

Como en cada edificio histórico de Estambul, hay una leyenda que sustenta algún aspecto de su existencia, la pequeña Santa Sofía no iba a ser menos. Ahí la tienen: De la Enciclopedia Católica en internet: “Los santos Sergio y Baco fueron mártires durante la persecución de Diocleciano en Siria alrededor de 303. Su martirio está bien autenticado por los primeros martirologios y por la veneración temprana que se les pagó, así como por historiadores como Theodoret. Eran oficiales de las tropas en la frontera, Sergio era primicerio y Baco secundario. Según la leyenda, había una gran estima del César Maximiliano por su valentía, pero este favor se convirtió en odio cuando reconocieron su fe cristiana. Cuando los interrogaron bajo tortura, los golpearon tan severamente que Baco murió bajo los golpes. Sergio, sin embargo, tuvo mucho más sufrimiento que soportar; entre otras torturas, según cuenta la leyenda, tuvo que correr unos treinta kilómetros con zapatos cuyas suelas estaban cubiertas con pinchos que le perforaron los pies. Finalmente fue decapitado“.

En el este, Sergio y Baco fueron universalmente honrados. El arte cristiano representa a los dos santos como soldados con atuendo militar con ramas de palma en sus manos y su fiesta es el 7 de octubre.

Dicen que el emperador Justiniano era muy devoto de estos santos porque según otra leyenda, cuando Justiniano era joven fue condenado a muerte acusado de conspirar contra el emperador Justino I. Pero Sergio y Baco se le aparecieron al emperador en un sueño, convenciéndolo de la inocencia de este y de liberar a Justiniano. Y así salvó este su vida.

Situación

La pequeña Santa Sofía se encuentra al oeste de Sultanahmed, entre los distritos de Cankurtaran y Kadırga, a unos 10 minutos a pie cuesta abajo al suroeste de la Mezquita azul en una de las calles que bajan hacia el Mar de Mármara. Es junto con Santa Irene y Santa Sofía, las únicas iglesias promovidas por el emperador Justiniano que han llegado a nuestros días por lo que considero que esto sólo ya justificaría una visita. Además veréis otra zona de la ciudad que normalmente no se visita, una zona a veces deteriorada, otras veces con pequeños hotelitos de madera, otras veces con arquitectura local que está desapareciendo de otras partes de la ciudad, todo con sabor local, por lo que creo que es interesante. Además, cerca de aquí tenéis otra mezquita del maestro Sinan que podéis visitar, la mezquita de Sokullu Mehmet Pasha.

Horario

La mezquita está abierta de 10 a.m. a 6 p.m. todos los días, pero está cerrada para los visitantes durante los momentos de oración. La admisión es libre, y, claro, las donaciones siempre son bien recibidas. Si la visitan temprano, posiblemente lo hagan solos, además, el lugar se ve bañado por la luz de la mañana, que se cuela a través de los ventanucos de la cúpula principal y que lo inunda todo.