El día 29 de Mayo de 1453 ocurría un hecho sin precedentes que terminaba con 10 siglos de hegemonía romana-bizantina en el oriente, la toma por los otomanos de la codiciada  “Manzana Roja” o Constantinopla.

Sin precedentes, porque si bien Constantinopla fue siempre una plaza muy deseada, una ciudad envidiada y soñada por distintos pueblos y civilizaciones a lo largo de los siglos, nunca antes fue tomada. 23 ejércitos lo intentaron con mejor o peor fortuna, pero sólo Mehmet II, conocido como Mehmet El conquistador, o Fatih (el victorioso) o El Sultanito, por su juventud, lo consiguió a la edad de 21 años.

Los Contendientes

Mehmet el Conquistador fue el séptimo sultán de la casa de Osman y estuvo en el trono durante 30 años llevando a cabo el sueño que su padre, Murad II, no pudo llevar a cabo pero que grabó a fuego en la mente de su vástago desde que era niño. El joven príncipe fue entrenado con disciplina militar y puño férreo desde una tierna edad, cuando fue separado de su madre para  ser enviado, como requería la tradición otomana a Manisa, con dos tutores que se encargaron de su preparación.

A los 12 años Mehmed fue entronizado por un corto periodo de tiempo en cumplimiento de un tratado de paz aceptado por su padre. Murad II abdicó en favor del niño y cuando se rompió el tratado, el gran visir y los jenízaros restauraron a Murad II de nuevo en el trono. A la muerte de su padre, Mehmed subió al trono en Edirne por segunda vez (18 de febrero de 1451). Debido a su corta edad y experiencia, Europa no lo vio como una amenaza, sin embargo Mehmed II tenía ambiciosos objetivos que se lograrían parcialmente en su vida.

La conquista de Constantinopla lo obsesionaba. Conquistó territorios en Anatolia y los Balcanes que comprendieron el corazón del Imperio Otomano durante los siguientes cuatro siglos y aspiraba a extender el imperio hasta el oeste de Italia, restaurando Constantinopla como su gran capital. Esta expansión hacia el oeste a través del corazón del antiguo Imperio Romano del Este lo llevó a declararse a sí mismo Kayser-i Rum (César romano).

Constantino XI fue el último emperador romano y bizantino, y gobernó como miembro de la dinastía Paleólogos desde 1449 hasta su muerte en batalla durante la caída de Constantinopla en 1453. Su muerte, de la cual no hay registros, marcó el final del imperio romano. Este había resurgido y florecido en el Este como el Imperio Bizantino durante 977 años tras la caída del Imperio Romano de Occidente en el año 476, por lo que si consideramos ambas etapas, imperio romano de oriente e imperio romano de occidente hablamos de que llegaban a su fin casi quince siglos de historia.

Constantino hizo todo lo que estuvo a su alcance para organizar la defensa de la ciudad, reparó las viejas murallas de Teodosio, almacenó víveres previendo el asedio que tenía, nunca mejor dicho, a las puertas, buscó el apoyo de Occidente, aceptando incluso el  reconocimiento de obediencia de la iglesia griega ortodoxa a Roma, algo que le reportó no pocas enemistades entre su corte y sus súbditos, aunque sería en vano.

Una vieja profecía le obsesionaba, esta decía que la ciudad que fue fundada por un emperador  llamado Constantino con una madre llamada Helena, sería perdida por otro emperador con el mismo nombre y con una madre del mismo nombre. Constantino, conocedor de esta profecía, y siendo muy consciente de que él la cumplía pues su madre también se llamaba Helena, temía que esta se hiciese realidad.

Giovanni Giustiniani. Para los súbditos de Constantino XI la posibilidad de ser gobernados por los turcos era menos odiosa que la de estar en deuda con los latinos. A pesar de estos censuraron la petición de ayuda a Roma, cuando se inició el asedio, los venecianos de Constantinopla, y un contingente genovés liderado por el experimentado mercenario Giovanni Giustiniani, lucharon a vida o muerte en la defensa de la ciudad.  A pesar de las dudas que había sobre su lealtad, este murió como consecuencia de la batalla, sin olvidar que viendo perdida la ciudad intentó huir en una galera que estaba esperando en el puerto de la ciudad.

El asedio

En el invierno de 1451, Mehmed II, apenas convertido en Sultan, mandó construir en el lado europeo del Bósforo la fortaleza de Boğazkesen, (Rumeli hisarı más tarde), una fortaleza defensiva que controlaba todo el tráfico marítimo desde el Mar Negro hacia el este, como modo de impedir, en caso de asedio, que los bizantinos recibiesen víveres y refuerzos por ese brazo de mar. Esta construcción complementaba casi frente por frente a otra ya existente, la fortaleza de Anatolia, (Anadolu hisari) en el lado asiático del Bósforo, construida en 1393 por el sultán Bayezid I. Al mismo tiempo mandó construir una flota de 31 galeras y dedicó el máximo cuidado a todos los preparativos diplomáticos y militares necesarios para la captura de Constantinopla. Para mantener neutral a Venecia y Hungría, firmó tratados de paz favorables para ellos.

Para Constantino, el inicio de esta construcción fue un claro preludio  del asedio que estaba por llegar , por lo que este inmediatamente comenzó a organizar sus defensas, sin embargo, el pobre estado de la economía bizantina no le permitió reunir el ejército necesario para defender la ciudad contra el ingente ejército otomano.

El asedio de la ciudad comenzó en el invierno de 1452. Constantino se enfrentó a los otomanos  con un ejército de tan solo 7,000 hombres. El ejército otomano era diez veces mayor, y contaba con cuerpos profesionales de guerreros, los temibles jenízaros y lo último en armamento de la época, entre otros un enorme cañón jamás visto antes que disparaba proyectiles de media tonelada de peso, algo inaudito en Europa. Nada hacía pensar que el asedio duraría cerca de 5 meses, y que las mermadísimas defensas de Constantinopla aguantarían tanto bombardeo, sin embargo, las inexpugnables murallas resistieron el embiste de la máquina de guerra turca, y es difícil saber cuál hubiese sido el curso de la historia si no se hubiese cometido, por parte del lado bizantino, el craso error de no cerrar a tiempo una de las puertas desde donde los pocos soldados bizantinos que quedaban, defendían el foso. Ambos bandos estaban exhaustos, y los otomanos ya habían perdido a todas sus fuerzas de asalto salvo a los jenízaros. Estuvieron a punto de desistir, pero entonces Mehmet recibió una información que le llegó a través de su madrasta: los cálculos astrológicos indicaban una próxima luna roja o eclipse lunar, como antes se le conocía a este fenómeno astrológico tan poco común. Esto fue interpretado como una señal muy favorable ya que las profecías otomanas decían que Constantinopla se tomaría con una luna roja, y Mehmet estaba seguro de que la profecía se iba a cumplir y de que él sería el designado para conseguirlo. Y así fue. El 29 de Mayo de 1453, los otomanos tomaron Constantinopla, haciendo realidad el sueño de tantos pueblos antes que ellos.

En occidente la pérdida de Constantinopla fue el fin de una era ya que durante su milenio de existencia, el Imperio oriental fue un bastión del cristianismo que contuvo el avance del islam hacia Europa Occidental. Fue uno de los principales enclaves comerciales del mundo, con una moneda de oro estable que era de curso legal en toda el área mediterránea. Influyó de modo determinante en las leyes, los sistemas políticos y las costumbres de gran parte de Europa y de Oriente Medio, y gracias a él se conservaron y transmitieron muchas de las obras literarias y científicas del mundo clásico y de otras culturas. Para los otomanos, comenzaba un imperio que alcanzó gran esplendor y que se extendería en el tiempo por casi 5 siglos.