Este bloque rectangular de piedra arenisca también conocida como Piedra de Scone fue custodiada y reverenciada durante siglos por los escoceses. Aún en nuestros días es de un gran simbolismo para el pueblo escocés, ya que durante el medievo era utilizada por los soberanos de las distintas dinastías en su ceremonia de coronación.

La piedra ha tenido una vida azarosa que ahora mencionaremos, aunque actualmente descansa en la Sala de la Corona del Castillo de Edimburgo, junto con otros objetos de la monarquía escocesa. Allí permanecerá hasta 2024 en que la Piedra del Destino se trasladará a Perth, muy cerca de su emplazamiento original en Scone, hoy en ruinas. Será la pieza más importante de un nuevo museo ahora en construcción, que promete atraer a multitudes hacia ese lado del país.

Sus orígenes

Visto como un objeto sagrado, sus primeros orígenes son desconocidos. Existen numerosas leyendas sobre ellos, incluida la de que se remonta a tiempos bíblicos y que dice que era la misma piedra sobre la que descansó  el patriarca Jacob en Betel cuando contempló las visiones de los ángeles.

Según la web de Historic U.K., la leyenda sostiene que fue traída desde Tierra Santa a Egipto, Sicilia y España por el rey Gathelus, cuyo descendiente luego llevó la piedra a Irlanda. Llegó a Irlanda alrededor del año 700 a. C. para instalarse en la colina de Tara, donde fueron coronados los antiguos reyes de Irlanda. Desde allí fue tomada por los celtas que invadieron y ocuparon Escocia. Alrededor del año 840 EC, Kenneth MacAlpin lo llevó al pueblo de Scone.

Las diversas historias sobre sus orígenes entran a menudo en conflicto entre sí y con otros hechos históricos en términos de cronología pero en cualquier caso, está claro que se usó para coronar a los Reyes escoceses durante 600 años. John de Balliol fue el último rey escocés coronado en ella.

Cuando Eduardo I invadió Escocia en 1296, nombró a tres barones ingleses para gobernar el país. Siempre atento a los detalles y gestos dramáticos con respecto a las culturas enemigas, este robó la mencionada piedra de su emplazamiento en Scone, la capital del antiguo reino picto, sabedor de que existía la creencia de que sólo donde se encontrase la piedra del destino gobernarían los reyes escoceses.

Así pues, la llevó a Inglaterra en 1297. Allí, en la Abadía de Westminster hizo construir un trono especial conocido como “Silla de la Coronación”, de modo que la piedra de Scone encajara debajo. Esto iba a ser un modo simbólico de proclamar que los reyes de Inglaterra también serían coronados a su vez como reyes de Escocia. Pero, además, con este acto, Eduardo I declaraba de facto que Escocia ya no era un reino, sino una mera provincia de Inglaterra.

La Piedra de Scone permaneció en Inglaterra durante los siete siglos siguientes.

El 25 de marzo de 1306, Roberto I de Escocia (que reinó de 1306 a 1329) fue el primer rey escocés en ser coronado sin la piedra, aunque la ceremonia se celebró como de costumbre, en la abadía de Scone.

A partir del siglo XIX, la Piedra de Scone se convirtió en un potente símbolo nacional para los escoceses, y hubo repetidos llamamientos para su devolución. En 1950, el mismo día de Navidad, un grupo de cuatro estudiantes de la universidad de Glasgow, Ian Hamilton, Kay Matheson, Gavin Vernon y Alan Stuart, lograron entrar en la Abadía de Westminster y sacar la piedra de allí, (cosa harto complicada porque pesa más de 150 kilos) subirla a un automóvil, y dirigirse hacia el norte a pesar de los numerosos bloqueos de carreteras y registros. Así, la piedra volvió a Escocia, pero las autoridades la recuperaron y la devolvieron a Westminster sólo cuatro meses después.

Finalmente, la piedra fue devuelta oficialmente por Inglaterra al pueblo escocés en 1996, el 30 de noviembre, día de San Andrés, patrón de Escocia. La legendaria piedra subía por la Royal Mile escoltada en la parte trasera de un Land Rover mientras una gran multitud tomaba las calles en su trayecto hacia el castillo de Edimburgo.

Casualidad o no, el año siguiente a la devolución de la piedra, los escoceses votaron en referéndum por tener su propio parlamento y volver a ser una nación casi independiente.

La Coronación de Carlos III

Pero hay una trampa que ilustra el poder que sigue teniendo la piedra en la imaginación de los pueblos de ambos lados de la frontera: la piedra se debe devolver a la Abadía de Westminster cuando se celebre la ceremonia de coronación de un monarca británico.

Exactamente como va a ocurrir en la próxima coronación de Carlos III de Inglaterra, que todos hemos seguir en los medios informativos. La proclamación del nuevo Rey ha estado cargada de protocolo, ceremonia y pompa, y de numerosas tradiciones que no han visto la luz durante décadas. Su coronación será la primera vez que lleve la piedra a Westminster desde 1996, como ya se hizo en la coronación hace setenta años de la Reina Isabel II de Inglaterra.

 

La piedra

La piedra, que pesa 152 kg, es un bloque rectangular de arenisca de color amarillo pálido que mide 66 cm por 41 cm por 28 cm. Con un anillo de hierro insertado a cada lado tiene un aspecto muy tosco, muy lejos de las trabajadas tallas que uno espera en un antiguo artefacto de su importancia. Una cruz latina es su única decoración.

Adjunto a la piedra en la antigüedad supuestamente había una pieza de metal con una profecía que Sir Walter Scott tradujo como:

  • “A menos que los destinos sean defectuosos,
  • y la voz del profeta sea vana,
  • donde se encuentra esta piedra sagrada
  • la raza escocesa reinará.”

Cuando la reina Isabel I de Inglaterra murió sin descendencia en 1603, fue sucedida por el rey James VI de Escocia, quien se convirtió en James I de Inglaterra. James fue coronado en la Piedra de Scone, y los escoceses más patriotas vieron en este hecho el cumplimiento de la profecía tallada en la placa de la roca  puesto que un escocés gobernaba donde estaba la Piedra de Scone.

 

 


 

Ana Morales

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