«Abu Alhol», el “padre del terror”, o «Hu o ju» que significa guardián, son solo dos de los muchos nombres con que se ha nombrado a la misteriosa esfinge a través de los tiempos, uno de los monumentos más reconocibles del país de los faraones. Tan famosa como las propias pirámides, y casi tan antigua como ellas, la esfinge de Giza, guardiana eterna de la yerma necrópolis, está llena de interrogantes sobre su creación, su función y su supuesta conexión con el mundo sobrenatural, hoy vamos a hablar de la Esfinge de Giza.

 

¿Qué son las esfinges?

Las esfinges son un motivo recurrente del arte egipcio, una representación escultórica erigida con cabeza humana (sabiduría) y cuerpo de león, (fuerza) y simbolizaban la fuerza y sabiduría de los reyes. No se sabe con certeza el significado exacto de la Gran Esfinge, los egipcios de la época tardía la consideraban una encarnación del dios del Sol Harmaquis, “Horus en el horizonte”.

 

¿Cuándo fue construida?

La colosal figura se encuentra emplazada en la orilla oeste del famoso río Nilo, en la denominada Meseta de Giza, junto a la Gran Pirámide de Giza. Llama la atención que la esfinge, a diferencia de otras esculturas monumentales, se talló de un montículo de piedra caliza ya existente, es decir, no fue necesario trasladar inmensos bloques desde ninguna cantera pues lo que se hizo fue moldear primero y vaciar después el montículo hasta que este reveló la forma deseada.

Esto ocurrió hace unos 4.500 años. Su estado de deterioro hizo creer a loa estudiosos que databa de varios milenios antes de la construcción de las propias pirámides, sin embargo, las excavaciones arqueológicas han desmentido que pudiera ser anterior al complejo piramidal de Kefrén.

Las medidas de la esfinge, todo y así, resultan magnificas, con sus 20 metros de alto y 57 de longitud, lo que viene a ser el tamaño de un avión comercial de pasajeros. Sin embargo, no sé si os ha pasado también a vosotros, pero cuando uno por fin está allí, parece empequeñecida, supongo que por la envergadura y el tamaño de las colosales pirámides que tiene a su espalda.

 

¿A quién representa?

 

Como os podéis imaginar, hay teorías para todos los gustos, pero la que parece más congruente es la que sostiene que el rostro de la esfinge es el del faraón Kefrén, cuarto faraón durante la cuarta dinastía, cuya gran pirámide queda unida por un camino ceremonial a la esfinge, alineado con ella.

Su finalidad es puramente funeraria. Es decir, se construyó como parte de un complejo formado por otros monumentos, con la función de guardar y de proteger la pirámide del rey Kefrén. La esfinge se encuentra “al frente” de dicho complejo, compuesto por el templo y la calzada que hemos mencionado. El arqueólogo Mark Lehner descubrió que cualquiera que se ponga de pie en el eje del templo de la esfinge durante el equinoccio de primavera u otoño ve ponerse el sol por la esquina de la pirámide de Kefrén. Otra muestra más de la gran importancia que las alineaciones solares tenían para los monarcas, obsesionados con la inmortalidad

Otros se inclinan más por su padre, como representación llena de simbolismo del dios Ra (dios del sol) cuando sale por el horizonte. Keops construyó la Gran Pirámide.  El faraón, a quien se representaba como un león furioso en medio de sus enemigos, vuelve a ser representado aquí de igual modo, en el umbral de su reino eterno de ultratumba.

Otras esfinges de menor tamaño, especialmente en las avenidas procesionales que protegían los accesos a los grandes templos jalonados alrededor del Nilo, cono Luxor o Karnak, iban mudando la cabeza para representar al faraón de turno, pero no parece que esto fuese posible con la pirámide de Giza, supongo que por su gran tamaño.

 

Su deterioro

El hombre teme al tiempo, pero el tiempo teme a las pirámides”, dice el popular dicho.

Sin embargo, parece que el tiempo no teme a la esfinge. Salta a la vista su precario estado de conversación.

Construida alrededor del año 2550 antes de Cristo, la esfinge estuvo protegida por la arena del desierto durante la mayor parte de su existencia. En el siglo XX (1925-1926) con el monumento ya definitivamente a la intemperie, es cuando se empieza a acelerar el proceso de deterioro.

La esfinge se desintegra: las altísimas temperaturas a las que se expone, la erosión que le infligen los fuertes vientos del desierto, la lluvia ácida de contaminación que recibe de El Cairo, una urbe cada vez más descomunal y súper poblada que parece a punto de engullir a las pirámides, el paso del tiempo… hay muchas causas que contribuyen a su estado, y no es por falta de restauraciones y mantenimientos, aunque eso sí, unas mejor planificadas y acertadas que otras. Simplemente es un tema muy complejo. La cabeza de la esfinge, contra lo que podamos opinar, es lo que en mejor estado se encuentra debido a que presenta las capas de roca más dura, la calidad y dureza de la roca es desigual siendo la más blanda la de la base de la esfinge.

En la cabeza no sólo es evidente que le falta la nariz, una magnífica nariz de alrededor de un metro de ancho, las tropas de Bonaparte fueron durante mucho tiempo culpadas de dejarla sin olfato, pero esta magna fechoría carece de fundamentos, el propio Napoleón era un amante del antiguo Egipto y su campaña en el país no buscaba destruir nada sino documentar todo lo que tanto le fascinaba. Sin embargo, hay una teoría muy plausible, del historiador árabe Muhammad al-Husayni Taqi (S.XV), que cuenta que la esfinge fue víctima del fanatismo religioso, y que habría sufrido un ataque iconoclasta orquestado por un líder sufí en el año 1378 al comprobar que los lugareños aún realizaban ofrendas a la imagen para atraer buenas cosechas.

El nemes, ese tocado exclusivo al faraón, que cubre y rodea su cabeza, mostraría sus tradicionales tonos azules y amarillos (igual a los de la máscara mortuoria de Tutankamon). Los franceses en tiempos de Napoleón ya lo reforzaron con un añadido a modo de contrafuerte a ambos lados del cuello, ya que se caía a pedazos. Y la cabeza de la cobra que ceñía en la frente, así como los restos de barba encontrados en la base, bien pudieron ser, asimismo, el resultado de un intento de destrucción deliberado. La famosa barba, que se exhibe en el British Museum, no es original del conjunto inicial, sino de un añadido posterior.

Pero las soluciones que se han aplicado hasta ahora no han conseguido evitar que la famosa esfinge cada año que pasa se funda más con las arenas de las que surgió. La razón es que la misma piedra de la que fue esculpida transmite desde el subsuelo la humedad a la estatua. Ya en el momento de su construcción los egipcios sabían que en la zona había filtraciones de aguas del muy cercano Nilo y las tuvieron en cuenta. Pero recordemos que no es un bloque que se extrajo y apartó del suelo, y que no está aislado del suelo por un pedestal. Por ello la piedra se descascarilla y salta por capas. Si prestáis atención a los muros que la rodean en el lateral lo veréis con facilidad, estos muros son la misma roca de la que se esculpió la esfinge y están aquejados del mismo mal.

 

Abu el-Hol, padre del terror

Es el nombre en árabe con el que se la conoce. Los antiguos egipcios denominaban a las esfinges Shesep-ankh, “imagen viviente”, un nombre que se utilizaba para referirse a las estatuas reales.

Con su misteriosa mirada milenaria que contempla el sol naciente en el horizonte, la impasible esfinge ha sido y sigue siendo un reclamo para todos los viajeros que han visitado Egipto y una no menos larga lista de apasionados por las ciencias esotéricas y la paraarqueología, que esperan que algún día esta revele sus secretos. Auguste Mariette, fundador del Museo Egipcio de El Cairo, contribuyó lo suyo al asegurar que Napoleón había encontrado una puerta oculta en el costado de la base de la escultura. Dicha puerta permitía acceder al interior de la Esfinge, una sorprendente revelación que ha animado a sucesivos arqueólogos a buscar cámaras interiores en la estatua sin resultados hasta hoy.

Muy cerca del monumento, a 9 metros de las patas de la esfinge quedan los restos de lo que se cree es el Templo de Sol, compuesto por dos santuarios y dos docenas de columnas (analogía de las 24 horas del día). La Segunda Pirámide, el Templo del Valle y la Esfinge forman el complejo funerario de Kefren.


 

Otras famosas esfinges de Egipto

  • La Esfinge de Amenemhat III (dinastía XII): Exhibida en el Museo Egipcio de El Cairo.
  • La Esfinge de Hatshepsut: de granito rojo, encontrada en su Templo funerario del valle de las reinas pesa 7 toneladas, y mide de 1.64 m de alto.
  • La Gran Esfinge de Tanis: de granito rojo, de 1.83 metros de alto, 4.80 metros de largo. Exhibida en Paris.
  • La Esfinge de Anubis: descubierta en la Tumba de Tutankamon.
  • La Esfinge de Alabastro: de 4.25 metros de altura, 8 metros de longitud, encontrada en Menfis.
  • La Esfinge de Tutankamon: descubierta en el Templo de Karnak y exhibida en el Museo de Luxor.
  • La Esfinge de Tutmosis III: de bronce de 7.8 cm de altura, 8.85 cm de longitud,
  • La avenida de las esfinges conecta el Templo de Luxor y el Templo de Karnak. Las esfinges del lado de Luxor son esfinges con la cabeza del faraon, mientras que las del lado de Karnak son esfinges con cabeza de carnero.