Birmania es un país de profundas convicciones budistas, desde que el budismo llegase al país casi mil años atrás.
Fue el rey Anawratha quien persuadido por el monje Arahan se convirtió al budismo que conocemos hoy en día aquí, la rama theravada, que es la que se practica en Tailandia, Sri Lanka, Laos o Camboya.
Así, en 1057,  Anawratha envió un ejército para someter a la etnia Mon, cuya capital era Thaton, donde conservaban el canon budista tripitaka.
A partir de este momento,  la cultura Mon pasó a formar parte de la cultura Bamar o birmana y comenzó la carrera por construir durante siglos los más bellos templos, monumentos y pagodas que podemos ver por todo el país.

De todos ellos, hay tres lugares considerados especialmente sagrados de peregrinaje, estos son: La pagoda Shwedagon, en Yangon, Kyaiktyio o la Golden Rock, en Bago, y el buda Mahamumi en Mandalay. Voy a dedicar tres entradas para conocer cada uno de ellos.

Pagoda Shwedagon, Yangon

Pagoda ShwedagonSu origen es hoy discutido, aunque se le atribuye una edad de 2.500 años, lo cierto es que existen escritos de monjes budistas que indican que fue construida antes de la muerte de Buda, ocurrida en el 480 a.c. Por tanto, se puede decir que ha sido testigo de todos los acontecimientos del país a lo largo de los siglos, ha sobrevivido al abandono, al saqueo, los incendios, y, a los numerosos terremotos, que, incluso llegaron a derribar la parte superior. Por todo ello Shwedagon es un icono del país.

Es una pagoda impresionante, de cien metros de altura que se yergue sobre la antigua colina de Dagon, y que domina la ciudad. En Bago hay otra pagoda aún más alta, pero Shwedagon es tan venerada por las reliquias que alberga en su interior, según la leyenda, ocho cabellos del Buda y un trozo de tela. El interior de la pagoda es de ladrillo, y no se puede acceder, pero se haya recubierta por toneladas de planchas de oro, tradición que se inició en el siglo quince por una reina que donó su peso en oro para conservarla. La parte superior de la estupa, está coronada por un Hti cubierto  con 5.448 diamantes y 2.317 rubíes.

Esquema de la Pagoda ShwedagonEl inmenso complejo no sólo alberga la pagoda Shwedagon, sino que a su alrededor hay docenas de templos, santuarios, 64 estupas menores y lugares para hacer ofrendas o para la oración. El ambiente de recogimiento y la tranquilidad que se respiran aquí es estupendo. Yangon tiene cerca de cuatro millones de habitantes, pero aquí dentro nada perturba a los peregrinos. La gente viene a rezar y a pasar tiempo aquí, postrados, descansando en algún templo, incluso echando una siesta, familias enteras la visitan y echan el día. La religiosidad flota en el ambiente, y te envuelve, te toca el corazón… estoy segura de que la gente se siente muy reconfortada viniendo a rezar aquí, o, simplemente paseando y descansando entre sus templos porque es un lugar muy agradable.

 Rezando en ShwedagonHoy día no cabe duda de que es un lugar obligado para el turista que pasa por la ciudad, pero esto no interfiere con los devotos ni le resta ni una pizca de encanto. Todos nos sobrecogemos cuando accedemos, pues uno, por más fotografías que haya visto, y más información que haya leído, no espera realmente encontrar semejante templo aquí. Las dimensiones de la pagoda son impresionantes, y, todo se encuentra perfectamente conservado y reluciente. Sin lugar a dudas un lugar que es difícil olvidar.

Para Rudyard Kipling*, ese, para mí, genio que tan bien ha retratado todas estas latitudes con esos libros tan entretenidos y coloristas, Shwedagon era: “un misterio dorado y misterioso se alzó en el horizonte, una hermosa maravilla parpadeante que ardía en el sol, de una forma que no era la cúpula musulmana ni la aguja hindú del templo … una hermosa maravilla”.
* De Sea to Sea and Other Sketches—Letters of Travel vol. 1 (1899)

Shwedagon Pagoda. Yangon
 

 


 

Ana Morales
Ana Morales

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