Hoy voy a contarles la que es quizás una de las historias más sorprendentes a la par que sobrecogedora de la historia negra de Escocia. Macabra y bizarra, durante siglos, la historia de Sawney Beane y su clan de caníbales ha formado parte del folclore escocés.
Aún hoy tiene la capacidad de erizar los vellos de cualquiera al recordarla. La quieren conocer?

 

La leyenda

La leyenda nos cuenta que los crímenes más atroces de Escocia fueron cometidos por Alexander Sawney Beane y su familia de caníbales asesinos. Una tribu endogámica que se multiplicó incestuosamente durante casi tres décadas, y que habitaba en una cueva de la costa de Galloway, asaltando y asesinando despiadadamente a los cientos de incautos viajeros que se cruzaron con ellos.
Por lo tanto, el lugar ya lo saben, costa de Galloway, siglo XVI.

Esto ocurría durante el reinado de James I de Inglaterra (y VI de Escocia). Muchas personas que viajaban por Ayreshire, hacia Port Logan con la idea de embarcarse hacia Irlanda, simplemente desaparecían sin dejar rastro. El hecho de que se les supusiera en otro país hacía que se tardase en echarles de menos.

 

El clan Beane

Los progenitores de esta espeluznante familia eran de un perfil sociópata, habían conocido otro modo de vida en sociedad, pero no respetaban las reglas de convivencia. Los vecinos los evitaban. Ellos mismos eran lo peor de sus respectivas familias.

La familia estaba formada por los dos progenitores; Sawney y Agnes Douglas.
Sawney era vecino de una localidad cerca de Edimburgo. De familia humilde, no quiso heredar el oficio de su padre. Poco amigo del trabajo, sin creencias religiosas y delincuente común, era la oveja negra de su familia.  Lo que se conoce de Agnes Douglas (Black Agnes) no es menos tranquilizador. Por un lado, ejercía como ramera cuando decidió fugarse con Sawney, pero muchas fuentes la definen como una mujer oscura, asociada a la brujería y condenada por el pueblo por sus prácticas satánicas.

En cualquier caso, parece que ambos estaban hechos el uno para el otro y juntos decidieron emigrar lejos de Edimburgo. El lugar elegido fue la zona rural de Galloway, en el suroeste de Escocia, donde la vida era más sencilla que en la ciudad.

Allí sobrevivían como salteadores de caminos. Con el fruto de los robos compraban comida, pero a medida que la gente de la región comenzó a conocerlos también comenzaron a temerlos y a evitarlos, dejando de venderles. En uno de esos ataques, a un vendedor ambulante, este se resistió más de lo esperado, y ambos lo redujeron brutalmente a fuerza de golpes y mordiscos hasta que acabaron con su vida. Este momento marca el antes y el después de la pareja. Se dan cuenta de que ese acto les ha abierto los ojos, deciden que es más fácil cazar la comida que robarla.
Ellos fueron el germen del mal.

 

La Cueva de los horrores

Se asentaron en una profunda cueva donde se sentían seguros, alejada del camino principal y cerca de los acantilados. Debido a lo alejado de la zona y a que la cueva quedaba parcialmente oculta por las mareas, la entrada solo era visible cuando bajaba la marea por lo que pasaban bastante desapercibidos. Esta madriguera sería su nuevo hogar, y allí formarían una infame y prolífica familia de 45 miembros durante casi tres décadas. En total eran ellos, 9 hijos, 6 hijas, 18 nietos y 14 nietas.

Los Beane comían, dormían y fornicaban entre aquellas insalubres paredes de roca a los pies de un acantilado.
Tuvieron quince hijos e hijas que también se comenzaron a reproducir en cuanto tuvieron la capacidad. El incesto entre todos ellos (padres con hijos y nietos y entre los hermanos y hermanas del clan) hizo crecer a la familia hasta los casi cincuenta miembros. Y todos ellos, nacidos en esas circunstancias y sin ninguna conciencia del bien o el mal, sin excepción, se alimentaban a diario de carne humana.

No tenían contacto alguno con el mundo exterior, no frecuentaban nunca ningún mercado, ni se relacionaban con nadie. Solo abandonaban su guarida para robar y matar a los viajeros.
Actuaban como las jaurías, en grupo, tan pronto como habían robado y asesinado a cualquier hombre, mujer o niño, desaparecían sin dejar rastro alguno detrás. Los cadáveres eran transportados hasta la profunda cueva, donde eran despiezados sin miramientos, algunas partes eran secadas y otras conservadas en una especie de escabeche. Los desechos eran lanzados al mar donde el mar a menudo los depositaba en orillas lejanas, causando el estupor de quien los encontraba.

Partiendo de estos antecedentes y del aislamiento y anarquía en la que vivían, sus descendientes eran más parecidos a los animales salvajes que a las personas. No tenían ninguna conciencia del bien y el mal, solo el instinto natural de sobrevivir y de reproducirse. Sin embargo, eran mucho más que simples asesinos ya que los cuerpos de los que mataban se destinaban al consumo del clan.

 

La captura y el fin del clan   

Los aldeanos de poblaciones colindantes que se desplazaban por estos bosques y caminos vivían atemorizados. En un principio las desapariciones se achacaban a algún tipo de bestia salvaje. Esta teoría dio paso a la superstición: demonios del bosque y brujería eran considerados los responsables de las desapariciones. Y, finalmente, con la paranoia instalada en cada pueblo, los vecinos comenzaron a sospechar los unos de los otros. Alguno acabó juzgado y ahorcado por la sospecha de ser responsables de los asesinatos de Beane.

Hasta que cometieron un error.  Una de sus víctimas, un hombre que logró escapar a un ataque y cuya esposa fue asesinada por la familia, logró huir y alertar a las autoridades en cuanto a lo que le había pasado. Era la primera vez que alguien vivía para contarlo.

Pronto se montó una expedición para capturarlos, que estaba dirigida por el propio rey James I de Inglaterra quien, alertado por las habladurías en todo el país, envió un destacamento de 400 soldados con sabuesos para peinar la zona. Estos localizaron fácilmente el rastro de la nauseabunda caverna donde encontraron a los 45 miembros de la familia Beane, viviendo entre inmundicias y despojos humanos. “Las piernas, los brazos, los muslos, las manos y los pies de hombres, mujeres y niños, colgaban como ternera seca, y algunos miembros se hallaban sumergidos en una especie de salazón”

También hallaron una gran cantidad de dinero, tanto en oro como en plata, y toda clase de efectos personales de los pobres desgraciados a los que mataron.

Todos ellos fueron juzgados y ejecutados. Sawney Beane y su familia fueron forzados a excavar tumbas para enterrar los restos que se hallaron en la cueva. Se les declaró culpables de múltiples asesinatos, canibalismo, blasfemia y otros muchos crímenes. Su sentencia, una ejecución terrible. Los hombres fueron desmembrados frente a las mujeres y ellas fueron condenadas a la hoguera. Ninguno se arrepintió de nada.

 

¿Es real esta historia?

Los historiadores no se ponen de acuerdo sobre la veracidad de esta historia. No hay registros escritos que puedan apoyar o no la historia.
El escritor William Roughead dejó pocas piedras sin remover en su búsqueda. No encontró ningún relato de Beane en los juicios penales de Pitcairn en Escocia entre 1494-1624. Tampoco hay ningún registro de los juicios de los viajeros y posaderos que, según la historia, fueron ahorcados injustamente por los asesinatos de Bean. Quizás todo fue propaganda política para difamar a los escoceses, y es que ¿quién querría a una nación de caníbales al mando?

¿Qué opinan ustedes? Quizás la razón por la que la historia ha demostrado ser tan resistente es que juega con los miedos más profundos y oscuros de las personas; no queremos creer que haya alguien capaz de llevar a cabo tales actos, aunque sabemos, en el fondo, que probablemente haya algunos criminales muy capaces de hacer algo así por ahí…

Personalmente creo que «No hay humo sin fuego»; pudo haber habido una familia caníbal viviendo en una cueva en la Escocia del siglo XVI que pudo haber matado a más de 1,000 personas de esta manera…sí. Pero nunca sabremos cómo de cierto fue. La posibilidad más plausible es la mezcla de realidad y ficción. Historias sobre canibalismo verídicas, (ya que eran una realidad en un país periódicamente asolado por las hambrunas), y un personaje inventado. Esta historia posteriormente fue usada como arma política por lo jacobitas para difamar a los candidatos escoceses al trono de Inglaterra. Y es que, no hay que subestimar el poder de una historia de terror bien contada.