Gran Canaria es una de las siete islas que componen el archipiélago de las Islas Canarias. Aunque su capital es de las más jóvenes de España, puede presumir de un buen puñado de piedras nobles en los Barrios de Vegueta y Triana,  dónde se concentra la mayoría de los grandes edificios históricos de la ciudad. Si hay un lugar dentro de Las Palmas que no os debéis de perder, es este sin duda.  Tanto Vegueta, como Triana, (hermanado como no podía ser de otro modo, con el homónimo barrio sevillano) están considerados entre los barrios más bonitos de las Islas Canarias. Núcleo fundacional de la capital grancanaria y, en tiempos uno de los puertos más importantes del imperio español, este recoleto barrio de casas coloniales guarda gran parte de los monumentos del archipiélago canario.

Esta es una zona que se puede recorrer cómodamente a pie en una mañana o una tarde y que os dejará muy buen sabor de boca.

 

Triana

Yo no hice un recorrido al uso, pero creo que os puede servir. De entrada quise comenzar la visita empezando por la Ermita de San Telmo, junto a la estación de Guaguas de San Telmo en el parque del mismo nombre que corresponde al antes mencionado barrio de Triana.
Este fue el emplazamiento histórico de la muralla norte de la ciudad y del primer muelle de Las Palmas de Gran Canaria. Y sí, este barrio marinero debe su nombre al famoso barrio sevillano por la colonia de comerciantes andaluces que, junto con los ingleses y los daneses, la poblaron en su día. Triana era la principal zona mercantil de Las Palmas de Gran Canaria.

El pequeño templo tiene interés por al bello retablo barroco que conserva. Construido con una portada gótico – renacentista, cuenta con piezas de artesonado mudéjar y dos retablos, el de San Telmo y el de la Virgen de las Angustias. Pero quizás lo que más me interesó del lugar fue una placa conmemorativa que vi en su fachada y que nos introduce en el mundo de la piratería pues narra el ataque sufrido por el corsario holandés Peter van der Does en 1599, (para los holandeses léase héroe, siempre hay las dos caras de la moneda). Las Canarias se habían convertido en esas fechas en uno de los objetivos principales de los corsarios europeos, especialmente británicos, que detentaban el control de unas islas estratégicas en las rutas de abastecimiento de la llamada “carrera de Indias”. Los holandeses lo intentaron en 1599, y de hecho consiguieron tomar la ciudad durante diez días, pero finalmente los canarios consiguieron repeler el ataque con importantes pérdidas no solo humanas sino materiales. Lo más destacado del botín que los holandeses expoliaron fueron los cañones obtenidos de los distintas fortalezas y las campanas y el reloj de la Catedral. Antes de partir, el almirante holandés ordenó el saqueo de la ciudad y el incendio de distintos edificios, entre ellos la propia Catedral y varios conventos y ermitas entre las que se incluye esta, que tuvo renacer de sus cenizas durante el s.XVII.

Desde una de las esquinas de la plaza entramos en la calle principal de Triana, la Calle Mayor, que es enteramente peatonal. En este barrio se sigue conservando el pequeño comercio tradicional junto con las nuevas tendencias en diseño y moda, así como los mejores restaurantes de la isla. Si no vais pensando en compras observad los bonitos edificios de diferentes estilos que la jalonan, muchas de las casas conservan las fachadas antiguas, pintadas en distintos colores, con balcones canarios y puertas y ventanas de madera. Todas estas calles y sus alrededores son peatonales. Os aconsejo que las paseéis.

 

Vegueta

El siguiente punto de interés sería la “Plaza de las ranas”, o Plaza Hurtado de Mendoza, punto de encuentro y de inicio de los tours guiados por esta parte de la ciudad. No tiene pérdida, de hecho el sobre nombre se lo da el estanque central de la plaza con esculturas de ranas. Es una plaza muy transitada y animada, punto de encuentro de los palmeros. En la misma plaza se encuentra la Biblioteca Insular, y cerca de ella el Mercado de Vegueta y el Centro Comercial Monopol, con terrazas, cines y buen ambiente nocturno.

Si vais durante el día, yo me dirigiría inicialmente al mercado de Vegueta, en uno de los extremos de la avenida mirando al mar. Personalmente me gusta siempre que puedo asomarme a los mercados, no deja de ser otro modo de acercarnos al lugar que estamos visitando. El Mercado de Vegueta abrió sus puertas 1863, y es uno de los más antiguos de la isla. En él podrás encontrar todo tipo de productos frescos de Gran Canaria y mezclarte con los locales. Dejaros seducir por el bullicio, el colorido y la simpatía natural de los tenderos, veréis frutas y verduras únicas de las islas incluidas las distintas variedades de papas que dan nombre a uno de los platos más conocidos de la gastronomía canaria o conseguir los distintos tipos de mojos picón que existen. Frente al mercado, el teatro Pérez Galdós, en honor de uno de sus hijos más ilustres.

Tras esto dirigíos a la plaza de Cairasco, un bello y agradable rincón flanqueado por dos edificios importantes, por un lado, al frente, el magnífico Gabinete Literario, primero de los edificios proyectados como coliseo artístico en la ciudad a mediados del siglo XIX. Una institución en la ciudad, referencia cultural y albergue de eventos y exposiciones. También un escenario de cine que hemos visto en numerosas películas, donde se recrea como casino (Aliados). Aquellos que lo deseen pueden comer o cenar allí.

Del otro lado, la tranquila terraza del Hotel Madrid, se dice que en su habitación número 3 durmió el dictador Francisco Franco la noche del 17 de julio de 1936, es decir, justo antes de iniciar la Guerra Civil española. Y, extrañamente es la más demandada del hotel ochenta años después tanto por su seguidores como por sus detractores!

Al fondo de la plaza hay un convento, la parroquia de San Francisco de Asís, del que se dice salieron de tapadillo los primeros esquejes de lo que era la gran riqueza de estas islas, el plátano, cuyo cultivo se extendió luego por todo el nuevo mundo, terminando con el monopolio y en pugna hoy en día con el plátano canario en casi todos los mercados.

Cruzamos la Avenida y nos adentramos en el corazón de Vegueta;  casco antiguo lleno de calles adoquinadas, bonitos rincones y una amplia gama de estilos arquitectónicos que van desde el gótico tardío hasta el renacentista. La Catedral de Santa Ana, la plaza de Santa Ana, o la Casa de Colón son algunos de los puntos más interesantes y llenos de historia.

La catedral, comenzada en el año 1500 y no terminada hasta cuatro siglos después, es junto con la Plaza de Santa Ana, un lugar en el que pararse, buscarse un lugar cómodo y abrir la guía de viaje. Porque su construcción estuvo llena de contratiempos y vicisitudes, incluido periodos de décadas en los que no se trabajó en ella. También fue saqueada en el ataque del corsario holandés Peter van der Does en 1599.

Aunque no resulte especialmente atractiva desde fuera y acuse un necesario mantenimiento, la Catedral de Santa Ana constituye una obra artística singular y sus tesoros, un reflejo de los quinientos años de historia de los canarios. Sus planos inconclusos pasaron por muchas manos, siendo interpretados y reinterpretados por distintos arquitectos, de ahí que estos fueron plasmando diferentes estilos a lo largo de los siglos. Se observan elementos góticos, renacentistas, neoclásicos y eclécticos.

Frente a la catedral, están los famosos perros del escultor francés Alfred Jacquemar. Aunque añadidos a principios del siglo XX, el conjunto de perros de hierro que parecen guardar el acceso principal a la plaza son uno de los símbolos más queridos de los canarios. Nos decía nuestra guía que el término canario hace precisamente referencia a la palabra latina Can. Los primeros exploradores que desembarcaron en las islas se encontraron con una gran cantidad de perros salvajes, y bautizaron a las islas como “las islas de los perros”.  En el otro lateral de la plaza tendréis otros bonitos edificios que la bordean como las Casas Consistoriales (visita guiada gratuita cada domingo) y el Museo Diocesano de Arte Sacro.

La casa de Colón es un museo en honor al famoso navegante, quien catorce años después de la fundación de la ciudad en 1478, recaló en Gran Canaria, donde también se detendría en el segundo y cuarto viaje. Esta casona perteneció a los primeros gobernadores de Gran Canaria y  nuestra guía oficial nos confirmó que aunque así nos lo haga pensar por su nombre, esta no fue su casa ni él nunca durmió aquí. El edificio actual, de arquitectura tradicional canaria, fue reformado por el Cabildo de Gran Canaria en 1951, conservando algunos elementos originales y reconstruyendo los otros. De sus cuatro fachadas, en tres de ellas hay portadas que destacan por su belleza e importancia. La más antigua corresponde a una de las primeras casas del noble barrio de Vegueta, del siglo XVI.

El museo cuenta con magníficos patios y salas de exposición donde revivir los viajes de Colón y  su paso por las islas, las relaciones del archipiélago con América, la historia de Las Palmas de Gran Canaria, la América precolombina, y además admirar su interesante colección de arte. Existe incluso una reproducción de su cuaderno de bitácora.

Como curiosidad añadir que en esta casa nació el querido tenor Alfredo Kraus, otro de los hijos ilustres de la ciudad.

Después del paseo llega el momento de elegir un lugar agradable para descansar, hay un montón de terrazas al aire libre para disfrutar sin prisas del ambiente que se respira en este entorno histórico.